lunes, 8 de noviembre de 2021
RELIGIÓN
Una mujer le estaba enseñando a su hijo: «Lo más importante de nuestra religión es servir a los demás». «Comprendo, sólo hay una cosa que no puedo entender: ¿entonces qué harán los demás?» —dijo el joven. «Servirán a otros, por supuesto» —dijo la madre.
«Esto es muy extraño —respondió el joven—. Si todo el mundo sirve a todo el mundo, ¿por qué no nos servimos a nosotros mismos? ¿Por qué toda esta complejidad, por qué convertirlo en una carga; por qué yo debería servir a los demás y esperar que los demás me sirvan a mí?»
FUENTE: OSHO: ‘Misterios de la Vida (I)’, tomado del Libro El Nuevo Amanecer
domingo, 7 de noviembre de 2021
EL INDIVIDUALISMO IRRESPONSABLE: "NO TE AMO, PORQUE ME AMO"
La egolatría suprime el espacio afectivo. Ella le recrimina, con razón: ¿Cómo amarte si me eres infiel contigo mismo? Al individualista irresponsable le importan un rábano el mundo y los demás. Está concentrado en sí mismo y solamente desea promover sus intereses, así sea a expensas del prójimo. Su regla es: "Sálvese quien pueda".
El único compromiso que conoce es el de la propia supervivencia a cualquier costo. Un toque de avaricia y bastante narcisismo definen su personalidad básica. ¿Qué lo motiva? El éxito personal, ser único y especial, sacar la mejor tajada. Es la estructura del narcisista o el sociópata, la ley de la selva tomada en serio y puesta en práctica de manera sistemática. El egoísmo vulgar o el individualismo posesivo se opone al cuidado del otro ciento por ciento: "No me importa lo que te pase". O si a veces aparece alguna pizca de beneficencia, es tan superficial y banal que molesta.
La tendencia a la autonomía desenfrenada es clara y destructiva: explotación y utilización del prójimo. Es el típico "idiota moral": al estar concentrado en sí mismo, niega la solidaridad, la reciprocidad, el respeto y la compasión/empatia.
Obviamente, tratar de construir una pareja saludable con una persona con estas características es imposible. De hecho, estos individuos violan sistemáticamente los derechos humanos de su pareja, de manera abierta o sutil.
• Cuando él está enfermo, ella lo cuida. Cuando ella está enferma, él se indigna y arremete contra ella.
• Él siempre se sienta a escucharla pacientemente cuando ella tiene problemas en el trabajo. Un día, el hombre llega abrumado porque tuvo una molesta discusión con el gerente y su esposa le "aconseja" en un tono conmiserativo: "Debes aprender a manejar tus problemas solo".
• Ella siempre le lleva el café por la mañana. Un día la mujer le pide un vaso de agua y él responde: "¿Acaso soy tu sirviente?" Una mujer le reprochaba a su marido: "No sé por qué te molesta que yo use el automóvil y que tú tengas que irte en autobús. ¿Dónde está el amor que sientes por mi? Además, yo soy mujer...". Obviamente los argumentos no tenían más justificación que la propia comodidad. Las estrategias utilizadas para lograr su cometido eran dos: chantaje emocional ("No me amas de verdad") y hacerlo sentir irresponsable ("No reconoces mi debilidad de género"). Ella se había apoderado del único automóvil de la casa hacía meses y no quería compartirlo, ya que el viaje en autobús era bastante dispendioso.
El individualista irresponsable diría: "¡Vete en autobús o a pie, te hace falta ejercicio!" El sumiso sacrificado diría: "Usa tú el automóvil siempre que quieras, no me importa irme en autobús".
El individualista responsable diría: "No te gusta ir en autobús y a mí tampoco, busquemos la forma de turnarnos el automóvil o compremos otro".
Extracto del libro:
Los límites del amor
Walter Riso
Fotografías tomadas de Internet
sábado, 6 de noviembre de 2021
LA DEDICACIÓN SALUDABLE: HACIA UNA INDEPENDENCIA CONSTRUCTIVA
La dedicación saludable: Hacia una independencia constructiva
En los últimos cincuenta años, la idea del sacrificio ha tenido el siguiente recorrido: primero, el sacrificio por el sacrificio, que alentaba el auto-castigo y el culto al sufrimiento; luego, el sacrificio como deber, justificado en el principio de candad o generosidad y generalmente mediados por la culpa y, finalmente, la negación a ser héroes, a no mirar la abnegación impuesta como una virtud ejemplar.
Hoy, la renuncia a sí mismo dejó de ser un ideal, el deber conyugal ha sido reemplazado por el querer conyugal y el amor propio ya no es incompatible con amar a otro. Precisamente, quererse a sí mismo es una de las principales vacunas contra la dependencia, el maltrato y las relaciones de dominancia que vimos antes. La máxima no es: "Te amo, luego existo", sino: "Me quiero a mi mismo, luego puedo amarte".
Extracto del libro:
Los límites del amor
Walter Riso
Fotografías tomadas de Internet
viernes, 5 de noviembre de 2021
28.TEORÍA Y PRÁCTICA.
Mucha gente dice: ¡Yo no creo en esto o en lo otro! Me refiero a costumbres corrientes. Sin embargo, no pueden dejar de pensar en ello. Actúan al mismo tiempo creyendo y no creyendo y este enfrentamiento con sus propias creencias es origen de sufrimiento y de malestar por lo incoherente que resulta.
Se demuestra con ello que no basta con creer o con comprender. Después de esto viene el escalón de ejercitarse, actuar con ejercicios hasta desenraizarlo.
Los Ejercicios o Prácticas de descondicionamiento son los que nos enseñan instructores y maestros. Ya están inventadas, ¿para qué resistirse?
¡Es un largo Camino pero… es muy ancho!
Bibliografía:
La luciérnaga ciega: Soko Daido Ubalde
Fotografía tomada de internet
jueves, 4 de noviembre de 2021
OBSTACULOS
Este texto que reproduzco aquí no es en realidad un cuento, sino más bien una meditación guiada, diseñada en forma de ensueño dirigido, para explorar las verdaderas razones de algunos de nuestros fracasos. Me permito sugerirte que lo leas lentamente, intentando detenerte unos instantes en cada frase, visualizándote en cada situación.
Voy andando por un sendero.
Dejo que mis pies me lleven.
Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras.
En el horizonte se recorta la silueta de una ciudad.
Agudizo la mirada para distinguirla bien.
Siento que la ciudad me atrae.
Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo.
Todas mis metas, mis objetivos y mis logros.
Mis ambiciones y mis sueños están en esa ciudad.
Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, lo que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.
Me imagino que todo eso está en esa ciudad.
Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella.
A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba.
Me canso un poco, pero no importa.
Sigo.
Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino.
Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso.
Temo... dudo.
Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente.
De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto...
Consigo pasarla.
Me repongo y sigo caminando.
Unos metros más adelante, aparece otra zanja.
Vuelvo a tomar carrera y también la salto.
Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado.
Me sorprende un abismo que detiene mi camino.
Me detengo. Imposible saltarlo
Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas.
Me doy cuenta de que está allí para construir un puente.
Nunca he sido hábil con mis manos.
... Pienso en renunciar.
Miro la meta que deseo... y resisto.
Empiezo a construir el puente.
Pasan horas, o días, o meses.
El puente está hecho.
Emocionado, lo cruzo.
Y al llegar al otro lado... descubro el muro.
Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños...
Me siento abatido...
Busco la manera de esquivarlo.
No hay caso.
Debo escalarlo.
La ciudad está tan cerca...
No dejaré que el muro impida mi paso.
Me propongo trepar.
Descanso unos minutos y tomo aire...
De pronto veo, a un costado del camino, un niño que me mira como si me conociera.
Me sonríe con complicidad.
Me recuerda a mí mismo... cuando era niño.
Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja:
- ¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?
El niño se encoge de hombros y me contesta:
- ¿Por qué me lo preguntas a mí?
Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras...
Los obstáculos los trajiste tú.
Extracto del libro:
Cuentos para pensar
Jorge Bucay
Fotografía de Internet
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