Mostrando las entradas con la etiqueta 100 historias de iluminación. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta 100 historias de iluminación. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de octubre de 2022

OBJETIVIDAD


El Maestro zen Tenkei fue considerado uno 
de los ocho grandes adeptos budistas de su tiempo. Maestro de todas las escuelas, Tenkei contribuyó a hacer revivir el zen a principios del siglo XVIII a través de sus muchos discípulos iluminados y de sus numerosas obras en estilo clásico y contemporáneo.

Una vez Tenkei citó el famoso poema del Instructor Nacional Daitó y ofreció un poema propio:

Cuando te sientas en meditación, 
ves a la gente
ir y venir
por la avenida del puente
tal como son.



Extracto del libro:
Antología Zen
Cien historias de iluminación
Versión de Thomas Cleary
Fotografías tomadas de Internet

martes, 27 de septiembre de 2022

INDIFERENCIA


El instructor nacional Daitó Kokushi, cuyo 
nombre honorífico significa «Gran Faro, Instructor de la Nación», fue uno de los fundadores de la famosa escuela O-Tó-Kan del zen Rinzai.

Murió en el siglo XIV.

Conforme con la costumbre de las antiguas escuelas zen, Daitó desapareció del monasterio tras su iluminación, para madurar su realización oculto en medio del mundo.

Pasaron varios años antes de que fuese descubierto viviendo bajo un puente de Kioto, en compañía de los mendigos sin hogar. De ahí se convirtió en un instructor del emperador.

Daitó escribió una vez un poema acerca de su vida como desheredado:

Cuando te sientas en meditación, 
ves a la gente 
ir y venir 
por la avenida del puente 
como árboles que crecen montaña adentro.



Extracto del libro:
Antología Zen
Cien historias de iluminación
Versión de Thomas Cleary
Fotografías tomadas de Internet

sábado, 24 de septiembre de 2022

ESTUDIAR LA MENTE


Los Estudios de la Mente constituyeron un 
movimiento seglar de autodesarrollo influenciado por el zen. Cierto día, un seguidor de los Estudios de la Mente acudió al Maestro Shósan para preguntarle acerca de lo esencial del budismo.

El Maestro zen dijo: «El budismo no consiste en utilizar tu intelecto discursivo para gobernar el cuerpo. Consiste en utilizar exclusivamente el momento inmediato presente, en no malgastarlo, sin pensar en el pasado o en el futuro.

»Es por ello por lo que los antiguos exhortaban a la gente, en primer lugar, a ser cuidadosos con el tiempo: esto quiere decir vigilar estrictamente la mente, echar todo afuera, sea bueno o malo, y desapegarse del ego.

«Además —continuó el Maestro zen—, para reformar la mente es bueno observar el principio de causa y efecto. Por ejemplo, aunque otros nos odien, no debemos guardarles resentimiento; debemos criticarnos a nosotros mismos, considerando por qué la gente habría de odiarnos sin razón alguna y aceptando que debe existir en nosotros un factor causal, e incluso que deben existir en nosotros otros factores causales, aunque aún desconocidos.

«Manteniendo que todas las cosas son efectos de causas, no hacemos juicios basados en ideas subjetivas. En conjunto, las cosas no ocurren de acuerdo con ideas subjetivas; suceden de acuerdo con las leyes de la Naturaleza. Si mantienes la conciencia de esto, tu mente se volverá muy clara.»



Extracto del libro:
Antología Zen
Cien historias de iluminación
Versión de Thomas Cleary
Fotografías tomadas de Internet

lunes, 19 de septiembre de 2022

EL ZEN EN EL GOBIERNO


Un día, el gobernador de cierta provincia preguntó 
al Maestro zen Shósan acerca de lo esencial del budismo.

El Maestro le dijo: «Es esencial para ti abarcar toda la provincia en su completa totalidad.

No puedes hacerlo si eres flojo. Permanece profundamente atento en cada situación, y adopta tus decisiones oficiales con bondad y compasión.

»Así, avanzando constantemente, podrás distinguir la naturaleza de la gente y llegar a conocerla.

En general, si un dirigente es estrecho de miras y no es capaz de distinguir la naturaleza de las personas, encontrará ofensivas muchas cosas.

Entonces su estado de humor se exaltará y disputará con los estados de humor de los demás. ¿No es esto estúpido?»



Extracto del libro:
Antología Zen
Cien historias de iluminación
Versión de Thomas Cleary
Fotografías tomadas de Internet

jueves, 8 de septiembre de 2022

ECONOMÍA


Sókai era tan pobre que no poseía más ropa 
que una sola túnica, que llevaba a lo largo de todo el año, en toda estación. 

Un día de verano, Sókai lavó su túnica y la colgó en un árbol para secarla. Entre tanto, mientras estaba esperando a que su túnica se secase, fue a sentarse en el cementerio que se hallaba detrás del templo, tal como vino al mundo.

Dio la casualidad de que el señor de la provincia estaba visitando la tumba de su padre, en el mismo cementerio, el mismo día. No es necesario decir que quedó totalmente desconcertado al ver a un monje desnudo sentado allí entre las tumbas.

Cuando el señor le preguntó qué estaba haciendo, Sókai le explicó sinceramente la situación. Enternecido por su candor, el señor hizo que le cosieran un juego de ropa. Más adelante, cuando Sókai ya se había convertido en un instructor zen, el señor se hizo su discípulo.



Extracto del libro:
Antología Zen
Cien historias de iluminación
Versión de Thomas Cleary
Fotografías tomadas de Internet

sábado, 22 de enero de 2022

EL VENDEDOR DE TÉS


Había una vez un anciano que solía gestionar 
una sala flotante de té al aire libre en los bellos parajes de los alrededores de Kioto, antigua capital imperial de Japón.

En primavera buscaba los lugares en los que las flores eran más hermosas, y en otoño encontraba zonas en las que había el mejor follaje; allí sacaba sus útiles de té y colocaba asientos para esperar a los excursionistas que disfrutaban de las vistas.

Los estetas de Kioto estaban encantados y solían reunirse donde montaba la tetería. No pasó mucho tiempo antes de que el Viejo Vendedor de Tés llegara a ser muy conocido en la capital.

Pocas personas sabían que el anciano era un Maestro zen de incógnito. Estudiante de zen desde su infancia, había visitado instructores budistas a lo largo de todo el país. Permanentemente de viaje, carecía de propiedades materiales y se dedicaba por completo al estudio del budismo.

Después de alcanzar el despertar zen, había hecho el compromiso de estudiar y autoperfeccionarse para siempre, con el objeto de evitar desviarse del sendero hacia la total iluminación por asumir prematuramente una condición de autoridad.

Tras sus amplios viajes, el Maestro regresaba a su lugar de origen para ayudar a su primer instructor de zen. Cuando éste murió, el Maestro nombró a uno de sus discípulos para heredar la abadía.

El mismo desapareció y fue a Kioto, dejando tras sí para siempre el cargo monástico. En aquel momento dijo: «El que sean correctos los propios medios de vida es una cuestión de espíritu, no de apariencias. No quiero aprovecharme del hábito de monje para vivir a costa de las limosnas de los demás.»

Así, empezó a vender tés para mantenerse.

Solía decir bromeando a la gente: «Soy pobre y carezco de medios para comer carne. Soy viejo y no puedo satisfacer a una esposa. La manera de vivir de un vendedor de tés es adecuada para mí.»

Más adelante, el Maestro quemó todos sus útiles de té y se retiró.

Finalmente, murió en una ermita en el año 1763, a la edad de ochenta y nueve años.

Cuando instalaba la tetería, el anciano solía colgar el siguiente cartel:

«El precio del té es cuanto me dés, desde cien libras de oro hasta medio céntimo. Puedes incluso beber gratis si quieres; pero no te puedo hacer una oferta mejor que ésta.»

Cuando al final quemó sus utensilios y se retiró, éstas fueron sus palabras a su canasta de acarreo:

«Siempre he estado solo y he sido pobre, sin un pedazo de tierra ni una azada. Me has ayudado durante muchos años, acompañándome a las montañas de primavera y a los ríos de otoño, vendiendo tés bajo los pinos y a la sombra de los cañaverales de bambú. Así pues, no me ha faltado dinero para comer y he pasado de los ochenta años.

»Pero ahora soy tan viejo que no tengo la fuerza para utilizarte más. Ocultando mi cuerpo en la Estrella Polar, estoy a punto de acabar mis días. Por miedo a que seas deshonrada en el futuro por manos mundanas, te recompenso con el Trance del Fuego: transfórmate ahora en medio de las llamas.
»;Cómo podemos expresar esta transformación?

Consumido el fuego, despejada la eternidad, todo queda consumado; pero las montañas verdes están ahí como siempre en medio de las blancas nubes. Ahora te confío al espíritu del fuego.»



Extracto del libro:
Antología Zen
Cien historias de iluminación
Versión de Thomas Cleary
Fotografías tomadas de Internet

martes, 16 de noviembre de 2021

PUREZA DE CORAZÓN


Una vez, un grupo de mendigos leprosos llegaron 
a la asamblea del Maestro zen Bankei, un instructor de masas de gran corazón. Bankei los admitió en su compañía, y cuando los inició, incluso los lavó y les afeitó las cabezas con sus propias manos.

Dio la casualidad de que se encontraba presente cierto caballero, representante de un barón que tenía fe en Bankei y que ya había construido un templo en su provincia, donde el instructor podría entrenar a sus discípulos y dirigirse al pueblo.

Repugnado ante la vista del Maestro zen afeitando las cabezas de los intocables, el caballero llevó apresuradamente una palangana de agua para que Banlcei se lavara las manos.

Pero el Maestro la rechazó, haciendo la siguiente observación: «Tu repugnancia es más inmunda que sus llagas.»


_______________________________________
* A lo largo del texto, Maestro con mayúscula traducirá la palabra inglesa Master —en el sentido de líder religioso o persona iluminada con discípulos—, e instructor, la palabra teacher —en el sentido de guía—. En muchas ocasiones, el autor las utiliza indistintamente, atribuidas al mismo personaje, probablemente para evitar repeticiones y aligerar el texto. (N. del T.).



Extracto del libro:
Antología Zen
Cien historias de iluminación
Versión de Thomas Cleary
Fotografías tomadas de Internet

lunes, 20 de septiembre de 2021

EL INSTRUCTOR DEL GRAN SACERDOTE


Érase una vez cierto gran sacerdote de una 
secta zen cuyo benefactor no era otro que el gobernador de una provincia. Cuando fue a la capital a visitar al gobernador a su residencia oficial, el gran sacerdote viajó, en consecuencia, con toda comodidad con una amplia comitiva y mucha fanfarria.

Sucedió durante dicho viaje que los jinetes quisieron comprar nuevo calzado en un lugar en el que la comitiva se había detenido a descansar.

Por recomendación de los porteadores, se llamó a un anciano del que dijeron que hacía muy buenas sandalias de paja.

Entonces, cuando dicho anciano llegó con algunas sandalias nuevas para los jinetes, el gran sacerdote le vio a través de la ventana de su palanquín y casi se desmayó.

El anciano artesano de sandalias no era otro que Tósui, el iluminado Maestro zen que había sido anteriormente su propio instructor* durante muchos años, antes de que desapareciera misteriosamente del templo.

Saliendo precipitadamente de su palanquín aturdido y confundido, el gran sacerdote se postró ante el anciano y le presentó sus respetos con la máxima de cortesía.

Tósui fue amable con él y le habló de los viejos tiempos; pero cuando partieron, el Maestro le dijo al sacerdote: «No te dejes intoxicar por la asociación con nobles.»

* A lo largo del texto, Maestro con mayúscula traducirá la palabra inglesa Master —en el sentido de líder religioso o persona iluminada con discípulos—, e instructor, la palabra teacher —en el sentido de guía—. En muchas ocasiones, el autor las utiliza indistintamente, atribuidas al mismo personaje, probablemente para evitar repeticiones y aligerar el texto. (N. del T.)



Extracto del libro:
Antología Zen
Cien historias de iluminación
Versión de Thomas Cleary
Fotografías tomadas de Internet

viernes, 17 de septiembre de 2021

LA PUERTA DEL TEMPLO


Había una vez un hombre rico, llamado Heizayemon, 
que se esforzaba por alcanzar en su vida las virtudes recomendadas por los antiguos sabios.

Como hombre serio y estudioso, Hei-zayemon solía gastar con liberalidad parte de su riqueza en actos de benevolencia, de caridad y de ayuda a los pobres.

Muchos niños de familias menesterosas eran rescatados gracias a su intervención, y personalmente financiaba la construcción de numerosos puentes y caminos en su provincia para beneficio de la gente.

Cuando murió, Hei-zayemon estipuló en su testamento que su legado fuera utilizado para continuar obras de beneficencia generación tras generación, lo cual fue cumplido por sus hijos y por sus nietos.

Se dice que un día apareció en la puerta de Hei-zayemon cierto monje budista. Parece que este religioso había oído hablar de la generosa y abundante magnanimidad de este hombre, inhabitual entre los ricos de aquella época, y había ido para pedirle dinero con el objeto de construir la puerta de un templo.

El filántropo se rió en la cara del monje y le dijo: «Yo ayudo a la gente porque no puedo soportar verla sufrir. ¿Qué tiene de malo un templo sin puerta?»



Extracto del libro:
Antología Zen
Cien historias de iluminación
Versión de Thomas Cleary
Fotografías tomadas de Internet
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...