martes, 5 de noviembre de 2019
VIVIR REALMENTE COMO HUMANOS
La virtud es un principio básico para un mundo armonioso en el que la gente pueda vivir realmente como humanos y no como animales. Desarrollar la virtud es el corazón de nuestra práctica. Mantenga los preceptos, cultive la compasión y el respeto para con toda clase de ser viviente. Sea consciente de todas sus acciones y de su lenguaje. Use la virtud para lograr que su vida sea pura y simple. Con la virtud como fundamento de todo lo que hace, su mente se volverá más amable, lúcida y tranquila. En este ambiente de meditación crecerá con soltura.
Extracto del libro:
No Ajahn Chah
Reflexiones
Fotografía de Internet
lunes, 4 de noviembre de 2019
LA LUZ INTERIOR
Un esclavo se presentó ante su amo. Este le dijo:
"¿Quién eres? ¿Vienes de Turquía o del Yemen? Dime la verdad: ¿Qué le ha sucedido a mi esclavo?
¿No lo habrás matado?
-Si lo hubiera matado, respondió el esclavo, ¿estaría yo aquí en este momento?"
El amo insistió:
"¿Dónde está mi esclavo?"
El esclavo respondió:
"Pero ¡si estoy aquí! ¡Me ves transfigurado por el favor divino!"
El amo replicó:
"¿Qué me cuentas? ¿Dónde está mi esclavo? ¡No te dejaré descansar hasta que me hayas dicho la verdad!"
El esclavo dijo entonces:
"Si lo deseas, te contaré toda mi historia desde el día en que me compraste. Te probaré así que sigo siendo el mismo, aunque mi apariencia haya cambiado. ¡Mi exterior ha cambiado de color, pero mi interior nada tiene que ver con los colores!"
¡Los que reconocen el alma son indiferentes ante los colores y ante los números, pues sus dos ojos han sido iluminados por una sola luz!
150 Cuentos sufíes
Maulana Jalāl al-Dīn Rūmī
Fotografía tomada de internet
domingo, 3 de noviembre de 2019
MANIFIESTO DE LIBERACIÓN AFECTIVA MASCULINA
Algunos varones, conscientes del reto que implica la liberación masculina afectiva, hartos de la represión emocional a la que hemos estado sometidos por nosotros mismos y por la cultura, en franca oposición a los valores poco humanistas con los que hemos sido educados, y con un repudio total por la estructura patriarcal de la que hemos sido víctimas y que, supuestamente, estamos obligados a transmitir, expresamos y dejamos estipuladas, desde lo más profundo de nuestro sentir, las siguientes reivindicaciones de libertad emocional. Tenemos derecho:
1. A sentir miedo.
2. A ser débiles y a pedir ayuda cuando así lo consideremos.
3. A ser inútiles, a cometer errores y a no saber qué hacer.
4. A fracasar económicamente, a ser pobres y a experimentar el ocio intensa y vitalmente.
5. A vivir en paz, a negarnos a la agresión, a la guerra y a todo tipo de violencia interna y externa.
6. A emocionarnos y a expresar nuestros sentimientos positivos, ya sea física o verbalmente.
7. A estar más tiempo en familia y a participar en la crianza de nuestros hijos.
8. A comunicarnos afectivamente con los demás hombres, y a fomentar la amistad masculina sin rivalizar ni competir.
9. A disfrutar del sexo sin ser adictos sexuales.
10. A fallar como reproductores y a no transmitir el apellido.
11. A una sexualidad más afectiva y amorosa.
12. A intentar ser fieles.
13. A no humillarnos en la conquista.
Por último, aunque llueva y truene, tenemos el derecho a que las pequeñas primaveras que llevamos dentro, aquéllas de que habla Jabil Gibrán, salgan a retoñar cada vez que quieran hacerlo.
Mayo de 1998
Extracto tomado del libro:
Intimidades masculinas
Walter Riso
Imágenes tomadas de internet
sábado, 2 de noviembre de 2019
INTOXICANTES
Como nos desagrada el miedo, la ira y el dolor, llenamos nuestra vida de las cosas que la civilización moderna nos proporciona, como Internet, juegos, películas o música. Pero todos estos ítems pueden contener venenos que intensifican la enfermedad y el miedo.
Supongamos que estás viendo la televisión durante una hora.
Aunque una hora pueda parecer muy poco, es mucha la violencia, el miedo y otros venenos que esa hora puede contener y que, poco a poco, van intoxicándote. Es cierto que esa diversión te proporciona cierta liberación, pero a la vez que te diviertes introduces en la profundidad de tu conciencia elementos de dolor y sufrimiento. Así es como, en tu interior, el dolor se intensifica. Nos intoxicamos con lo que consumimos a diario. Dejamos que la televisión se ocupe de entretener a nuestros hijos, pero con semejante niñera lo que escuchan va envenenándoles lentamente. El Buda llamaba venenos a todas estas cosas. Hay venenos en lo más profundo de nuestra conciencia y también estamos expuestos a incorporar más venenos e intoxicarnos más todavía.
Nuestro entorno también está muy contaminado. La práctica de la meditación no solo nos ayuda a ser conscientes de lo que sucede en nuestro cuerpo, sino también en el resto del mundo. Nos alimentamos y alimentamos a nuestros hijos con venenos. Eso es lo que sucede en el momento actual. Si te das cuenta de esto, despertarás al hecho de que continuamente estamos intoxicándonos. Tenemos que aprender a abstenernos de los venenos que alientan nuestro miedo.
Extracto del libro:
Miedo
Thich Nhat Hanh
Fotografía tomada de internet
EL DERECHO A UNA SEXUALIDAD DIGNA
Dignificar la sexualidad masculina no significa racionalizar exageradamente el sexo, ni coartarlo: lo que propongo es abolir la esclavitud sexual a la que hemos estado sometidos. Liberarnos de la obsesión no implica enterrar la libido, sino trascender con ella. La sexualidad es un regalo. Es el momento en el cual se produce la muerte psicológica (la mente parlanchina se calla y el maya se va a dormir) y cuando podemos identificarnos con el universo. Pero si sólo disfrutamos del sexo desconociendo su significado real, además de quedar aprisionados en lo meramente sensorial, estaremos bordeando el peligroso sendero de la dependencia. Definitivamente, la sexualidad es mucho más que genitalidad, y si no vemos esto nunca lograremos aprovechar su increíble magnificencia.
Una sexualidad masculina digna se refiere a una sexualidad que respete la integridad psicológica, tanto del varón como de la mujer. La sexualidad, cuando es digna, no envilece ni corrompe a nadie, porque no genera apego.
El derecho a una sexualidad digna es no desintegrarse en la adicción; es humanizar el sexo en la vivencia del afecto; es no violentarse internamente, ni violentar; es retirarse a tiempo o estar todo el tiempo; es entender que, al menos en la química corporal, el fin no justifica los medios; es transmutarse en el otro hasta desaparecer y no asustarse por ello; es no regalarse, ni castrarse, ni someterse para obtener "favores"; es desnudarse valientemente y luego no querer vestirse; es poner a madurar el placer para que sepa mejor; en fin, ser digno en el sexo es quererse a uno mismo sin dejar de querer, y entregarse sin misericordia, sin lastimar ni lastimarse.
Extracto tomado del libro:
Intimidades masculinas
Walter Riso
Imágenes tomadas de internet
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