Existe la «chova de las torres»: plumaje negro, nuca gris, ojos gris perla, viva, pequeña, grazna sin respiro: «Tia ... cha- ca, chaca, cha, ca, cha ... ». El «grajo»: plumaje negro irisado, pico grisáceo, delgado y fino, con unos graciosos calzones en la rabadilla, y este canto en sordina: «Kaa ... , ah ... , ah». La «corneja negra»: completamente negra, e incluso su gran pico es negro; su graznido ronco y prolongado, «Kroá, kroá ... kra-aaa», simboliza a toda la gente corvatina. El «gran cuervo», finalmente, de sesenta y dos centímetros de promedio de la punta del pico hasta la punta de la cola, de plumaje iridiscente y un grito breve. «Cro ... rrrok». Sea cual sea su personalidad, su singularidad dentro de la especie, el cuervo no es amado. Se ha pretendido que traía mala suerte, que estaba maldito, que en otro tiempo había tenido tratos con los demonios. Su plumaje negro es la marca de su desgracia. ¡Y es injusto! Porque el color de su plumaje se debe a una circunstancia fortuita y desgraciada. Pero escuchad lo que dice a este respecto un cuento del viejo Japón ...
***
Hace muchísimo tiempo, cuando las aves hablaban, el cuervo iba vestido de gris. Elegante, preocupado por su atavío, un día fue a ver al búho, que, como todo el mundo sabe, ejercía la profesión de tintorero:









