jueves, 14 de abril de 2022

EL JARDINERO Y SU RECOGEDOR DE HOJAS SECAS AUTOMÁTICO


¿Por qué tendemos a ir hacia la comodidad si somos hijos de la intensidad?

La mayoría de los jardineros y barrenderos, hoy en día, usan un aparato ventilador que sopla todo cuanto encuentra a su paso, a modo de lobo feroz en el cuento de Los tres cerditos. De esta manera logra agruparlo y recogerlo de una vez. En una ocasión, vi como un jardinero usaba uno de estos aparatos para deshacerse de las hojas secas de un jardín. En este caso en particular, las hojas se acompañaban, como si fueran un rebaño, hacia un pequeño camino de arena ajeno a la propiedad.

Desde la perspectiva del jardín, las hojas ya no existen y por lo tanto ha sido correctamente limpiado. Sin embargo, si ampliamos la perspectiva más allá de los límites del jardín, seremos conscientes de las hojas secas que no se recogieron y que quedaron expatriadas en el camino de arena.

La mayoría de las personas trata sus emociones y sus sentimientos de la misma manera que el jardinero trató a las hojas secas. Si lo que sentimos no nos gusta o es incómodo, tratamos de apartarlo de nuestra conciencia escondiéndolo más allá de ella, al otro lado de sus límites. De este modo convertimos a nuestro inconsciente en un vertedero emocional de sentimientos y emociones que nunca desaparecen.

Hasta ahí, mera descripción. Lo verdaderamente interesante empieza cuando un día el jardinero, sintiéndose insatisfecho en su jardín, desea ir más allá de sus límites y trata de abrirse paso por el camino de arena al que ya no puede acceder como antes, debido a la gran cantidad de hojas acumuladas a lo largo de tanto tiempo. Hay tantas hojas esperando ser recogidas que ni tan siquiera se intuye dónde está ese hermoso camino de arena.

Cuando alguien se atreve a ampliar sus horizontes personales, suele encontrarse con algo «misterioso» que no se lo permite hacer. Ese «algo misterioso» es miedo a sentir cada una de las emociones que fueron evitadas a lo largo de toda la vida. El miedo siempre apunta hacia aquello que necesita ser atendido para poder seguir avanzando. Pero para nuestra «conciencia jardinero» esto va a vulnerar una de nuestras decisiones olvidadas: ¡no quiero sentir esto!
Sin darnos cuenta, con esta curiosa decisión de no sentir lo que sentimos, validamos y fortalecemos nuestros límites. De este modo, nuestra personalidad se convierte en nuestro jardín privado (consciente), pero ajena al «vertedero emocional» con el que la hemos rodeado (inconsciente).




Extracto del libro:
¿Me acompañas?
Sergi Torres
Fotografía de Internet

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