viernes, 20 de octubre de 2017

ACABADO DE NACER


La próxima vez que no encuentres suelo bajo tus pies, no lo consideres un obstáculo en absoluto; considéralo más bien un notable golpe de suerte. No tenemos suelo bajo los pies, y esa misma situación puede suavizarnos e inspirarnos. Finalmente, después de todos estos años, quizá consigamos crecer realmente. Como dijo Trungpa Rinpoche en una ocasión: el mejor de los mantras es: «OM, crece, swaha.»

Estamos en continuo cambio. Podemos apegarnos a nuestra seguridad o podemos exponernos como si acabáramos de nacer, como si acabáramos de surgir al resplandor de la vida y estuviéramos totalmente desnudos.

Quizá esto suene demasiado incómodo u horrendo, pero, por otro lado, es nuestra oportunidad de tomar conciencia de que este mundo terrenal es todo lo que hay; puede que lo veamos con ojos nuevos y al fin despertemos del largo sueño de los prejuicios.

TU PROPIO JUEZ


jueves, 19 de octubre de 2017

CAMINANDO EN LA CUERDA FLOJA


Había dos amigos del rey, y ambos fueron declarados culpables de un crimen. Como los amaba a ambos, el rey deseaba ser magnánimo con ellos, pero no podía absolverlos, pues ni siquiera la palabra de un rey puede imponerse a la ley. Entonces pronunció este veredicto: Se extendería una cuerda floja por encima de un profundo precipicio y, uno tras otro, los dos debían cruzar, y al que llegara al lado opuesto se le perdonaría la vida.

Se hizo la voluntad del rey y el primero de los amigos alcanzó el otro lado. El otro, aún parado en el mismo lugar, le gritó al primero: 

-Dime, amigo, ¿cómo lograste cruzar? 

Y el primero le contestó

-Sólo sé una cosa: en cuanto sentía que me tambaleaba hacia un lado, me inclinaba hacia el lado opuesto. 

EVOLUCIÓN


miércoles, 18 de octubre de 2017

LOS SOLOS


Lo cazaron en la selva, cuando era muy pichón. A golpes de hacha voltearon el árbol donde tenía su nido. Lo vendieron en la ciudad. Preso en una jaula, entre cuatro paredes pasó toda su vida, hasta que fue abandonado. Lo recogió la familia Schlenker, que en las cercanías de Quito tiene un refugio para animales tristes. Ese guacamayo nunca había visto un pariente. Ahora no se entiende con los demás guacamayos, ni con loro ninguno, ni se entiende con él. Acurrucado en un rincón, tiembla y chilla, se arranca las plumas a picotazos, tiene el pellejo sangrante y desnudo.

Pobre bicho, digo. Más solo, imposible. Pero Abdón Ubidia, que me ha llevado al refugio, me presenta al solo más solo del mundo. Es el último aguti paca, o cuy de monte, que pasa las noches caminando en círculos y pasa los días escondido bajo el tronco hueco de un árbol caído. El es el único de su especie que queda vivo. Todos los suyos han sido exterminados. Mientras espera la muerte, no tiene a nadie con quien conversar.

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