martes, 23 de agosto de 2016

LAS SEMILLAS DE LA IRA, LAS SEMILLAS DE LA COMPASIÓN


A menudo hablamos de la conciencia como de un terreno. Las semillas de las formaciones mentales se entierran en nuestra conciencia-receptáculo. Estas formaciones mentales nacen y surgen de nuestra mente consciente, se quedan ahí durante un tiempo y después vuelven a la conciencia-receptáculo bajo la forma de una semilla.

Nuestra compasión también reposa en nuestra conciencia-receptáculo bajo la forma de una semilla. Cada vez que sentimos o regamos una semilla, brotará y se manifestará en nuestra mente consciente, el nivel superior de la conciencia. Si una semilla positiva, como la de la alegría o la compasión, se riega y se manifiesta, hará que nos sintamos felices. En cambio, si una semilla negativa, como la de la envidia, se riega y se manifiesta, hará que nos sintamos infelices. Mientras nuestra alegría o nuestra cólera están enterradas en la tierra y nadie las despierta, las llamamos semillas. Pero cuando se manifiestan en la mente consciente, las llamamos formaciones mentales. Hemos de reconocer la ira bajo sus dos formas: como una semilla en nuestra conciencia-receptáculo y como una formación mental, una zona activa de energía que aflora a nuestra mente consciente. Hemos de comprender que aunque la ira no se manifieste, sigue estando ahí.

NECEDADES



Tomado del libro:
El Librito Que Fortalece
Proverbios reconfortantesy máximas motivadora
Lucia Canovi
Fotografía extraída de internet

lunes, 22 de agosto de 2016

MANICOMIO


Recuerda siempre una cosa: que como te encuentras ahora, como se encuentra todo el mundo... ya estas loco. La humanidad está loca, esta Tierra es un manicomio. De modo que solo te puedes volver cuerdo, no loco; eso no es un problema. 

Otra cosa es que tengas miedo de volverte cuerdo, pero no temas volverte loco, porque, ¿qué más podría suceder? ¡Lo peor ya ha pasado! Vivimos en la peor clase de infierno. De manera que si caes, quizá lo hagas en el cielo. No puedes caer en otro sitio porque este es el último. Pero la gente tiene miedo, porque cree que es lo normal aquello en lo que ha estado viviendo. Nadie es normal. Muy rara vez hay un hombre normal como Jesucristo o Buda: todos los demás son anormales. Pero lo anormal es la mayoría, de modo que se llaman normales; Jesucristo parece anormal. Y, desde luego, la mayoría puede decidir, en última instancia posee los votos para decidir quién es normal y quién no. Es un mundo extraño: aquí las personas normales aparecen como anormales y las anormales son consideradas normales. 

CIMIENTOS



Tomado del libro:
El Librito Que Fortalece
Proverbios reconfortantesy máximas motivadora
Lucia Canovi
Fotografía extraída de internet

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