miércoles, 3 de noviembre de 2021
ESTAR PRESENTE CON LOS SENTIMIENTOS
P: Hay una compulsión que parece surgir del sentido de carencia que me obliga a sentir una necesidad de ser mejor de lo que soy, crecer, evolucionar, alcanzar mi mayor potencial. A veces está cubierto en espiritualidad, pero pienso que es una sensación de carencia, insuficiencia y miedo de que la misma provocara que sea abandonado, maltratado, o sufrimiento. Algo me dice que debo ser especial para sobrevivir y satisfacer mis necesidades; algo me dice que debo ser mejor de lo que soy y mejor que los demás. Esto no me permite relajarme y simplemente ser lo que Yo soy, lo cual no requiere esfuerzo. Somos seres por naturaleza.
¡Lo sé, pero sigo esforzándome para convertirme en algo mejor!
Tengo una sensación de desesperanza, quizá esto sea parte del desprendimiento.
Me doy cuenta de que desprenderme es necesario, pero no sé cómo rendirme.
Supongo que aquello que Soy se rendirá cuando Yo esté lo suficientemente relajada para verlo. ¿Cuáles son sus impresiones? ¿Cómo navego en estas aguas?
R: Esta bien que se esfuerce en mejorar. No hace daño, y muchas veces es cuando hemos fallado completamente al intentar ser mejores que algo mas cambia desde adentro. No nos rendimos; es algo que nos sucede.
Mientras tanto, usted puede sentir mucha curiosidad sobre la experiencia completa de lucha y miedo. Mientras más presente esté con ellos, mas podrá la consciencia en sí transformar la experiencia. Su único trabajo es estar presente ante todo y con las emociones, tanto como le sea posible. Esto fortalece su capacidad de estar con sus sentimientos mientras surgen sin suprimirlos ni expresarlos. Entonces cuando la Presencia y la entrega se revelan, podrá estar con la experiencia también. Mientras más practica estar presente con los sentimientos y su experiencia, más fácil le será.
El sufrimiento solamente es un problema cuando pensamos que lo es. Una vez deja de verlo como tal, deja de serlo. El sufrimiento es como un espejismo: cuando se acerca, ve que no existe. Eventualmente, toda su lucha le acercará más al sufrimiento en sí, donde comenzara a ver su naturaleza. Entonces se encontrara más y más capaz de descansar dentro de los patrones difíciles y ver que solo son ideas, espejismos en su propia mente.
Extracto del libro:
Eso es eso
aka Nirmala
Fotografía tomada de internet
martes, 2 de noviembre de 2021
22. MI CORAZÓN ARDE COMO EL FUEGO
Soyen Shaku, el primer maestro de zen que llegó a Estados Unidos, decía: «Mi corazón arde como el fuego, pero mis ojos están tan fríos como cenizas apagadas». Compuso las siguientes reglas que practicó todos los días de su vida.
Por la mañana, antes de vestirte, enciende incienso y medita.
Retírate a una hora regular. Toma alimentos a intervalos regulares. Come con moderación y nunca hasta quedar saciado.
Recibe a un invitado con la misma actitud que tienes cuando estás solo. Y cuando estés a solas, mantén la misma actitud que tienes al recibir invitados.
Ten cuidado con lo que dices y, digas lo que digas, practícalo.
Cuando se presenta una oportunidad, no dejes que pase de largo, pero piensa siempre dos veces antes de actuar.
No lamentes el pasado. Mira hacia el futuro.
Ten la actitud valiente de un héroe y el corazón tierno de un niño.
Al retirarte a descansar, duerme como si ése fuera tu último sueño. Al despertar, abandona de inmediato la cama, como si hubieras tirado un par de zapatos viejos.
Extracto del libro:
Zen flesh. Zen bones
Paul reps y Nyogen senzaki
Fotografía de Internet
domingo, 31 de octubre de 2021
¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL RELACIONARSE?
-Porque tú todavía no eres. Hay un vacío interior, y el miedo a que si te relacionas con alguien más tarde o más temprano se demostrará que estás vacío. Por eso parece más seguro mantener una distancia con la gente; por lo menos puedes simular que eres. Tú no eres. No has nacido todavía, eres tan sólo una posibilidad. Pero todavía no eres su realización; y sólo dos personas que se hayan realizado pueden relacionarse. Relacionarse significa amar, significa compartir. Pero antes de poder compartir, tienes que tener y antes de poder amar tienes que estar lleno de amor, rebosante de amor. Dos semillas no se pueden relacionar, están cerradas. Dos flores pueden relacionarse, están abiertas, pueden mandar su fragancia de una a otra, pueden danzar bajo el mismo sol y en el mismo viento, pueden tener un diálogo, pueden susurrarse. Pero esto no es posible para dos semillas. Las semillas están totalmente cerradas, no tienen ventanas y entonces, cómo van a relacionarse?
Millones de personas han preferido quedarse en semillas. ¿Por qué? Cuando pueden convertirse en flores y danzar al viento, bajo el sol, bajo la luna, ¿por qué han decidido quedarse en semillas? Hay una razón para esta decisión: la semilla está más segura que la flor. La flor es frágil; la semilla no lo es, la semilla parece más fuerte. La flor puede ser destruida muy fácilmente; sólo un golpe de viento y sus pétalos volarán. La semilla no puede ser destruida por el viento tan fácilmente, la semilla está muy protegida, segura. La flor estará expuesta; una cosa tan delicada, y expuesta a tantos riesgos: puede soplar un viento fuerte, puede llover tormentosamente, el sol puede calentar demasiado, cualquier tonto puede arrancar la flor. Cualquier cosa puede ocurrirle a la flor, le puede pasar de todo; la flor está constantemente en peligro. Pero la semilla está segura; por eso millones de personas han decidido permanecer como semillas. Pero quedarse en semilla es quedarse muerto, quedarse en semilla no es en absoluto vivir. Es seguro, ciertamente, pero no tiene vida. La muerte es segura, la vida es inseguridad. El que realmente quiere vivir tiene que vivir en peligro, en constante peligro.
FUENTE: OSHO: ‘Misterios de la Vida (I)’, tomado del Libro De la Sabiduría, Discurso 27, de la dirección internet www.oshogulaab.com
sábado, 30 de octubre de 2021
EL SUFRIMIENTO COMO MEDIO PARA EMPEZAR A EXPLORAR LA EXPERIENCIA PRESENTE
Cuando considero que el dolor es mío, me pierdo en mi burbuja de sufrimiento personal y me siento desconectado de la vida, aislado y solo con mi desdicha. Pero más allá de la historia personal de mi sufrimiento, descubro que el dolor no es en realidad mi dolor. Es el dolor del mundo. Es el dolor de la humanidad. Cuando pierdo a mi padre, la aflicción que siento no es mi aflicción, sino la aflicción de todo hijo; sufro por, y con, cada hijo que haya perdido a su padre. Cuando mi pareja me abandona, soy cualquiera que haya perdido a alguien a quien amaba. En los más íntimos recesos de la experiencia presente, descubro que yo soy el universo que con tanto ahínco intento salvar; descubro que yo soy la compasión que tanto me esfuerzo por representar fuera, en el mundo; descubro que yo soy todas las demás personas con las que tanto anhelo tener contacto. En las profundidades de lo personal, en medio de las experiencias más intensamente dolorosas e íntimamente personales, descubro la verdad impersonal de la existencia, y en ese momento soy libre. Muchas enseñanzas espirituales hablan de escapar de lo personal y alcanzar cierto estado impersonal en un futuro, pero, como veremos en este libro, lo personal y lo impersonal son íntimamente uno, y no se pueden dividir así. La división es precisamente la raíz de todo el sufrimiento y el conflicto.
A un nivel, este libro no es necesario. Ya estás completo tal como eres. Eres la vida misma, y siempre lo has sido. ¡Esto es todo, el aquí y el ahora! Este momento es cuanto hay, y está completo en sí mismo. No hay nada más que hacer. ¡Enhorabuena!, puedes cerrar el libro y tomarte una taza de té y un bollo.
A otro nivel, quizá todavía no reconozcas que ya estás completo. Quizá verdades espirituales tan bellas e inspiradoras como «ya estás completo» y «solo hay Unidad» aún te parezcan simplemente bellas e inspiradoras palabras, y todavía no sean para ti una realidad experiencial, viva. Quizá todavía estés batallando con tus sentimientos, con el dolor, las adicciones y los conflictos de pareja. Quizá todavía estés buscando respuestas, amor, aprobación, la iluminación... Quizá aún estés esperando la paz, todavía anheles encontrar una manera de vivir en este mundo que tenga más sentido, en la que haya más amor, que sea más auténtica. Quizá, aunque creas que no estás separado de la vida, todavía te sientas separado de la vida.
El sufrimiento no es una maldición, un castigo, una aberración, ni es señal de que hayas fracasado en modo alguno. El sufrimiento es siempre un gran lugar para empezar a explorar la experiencia presente. Dios sabe que, si no hubiera sufrido como sufrí, nunca habría empezado a cuestionar todo lo que sabía y a descubrir la libertad en todo aquello contra lo que luchaba, en todo aquello de mí de lo que intentaba huir.
No te prometo un estado especial o una experiencia espiritual extraordinaria; eso se lo dejo a los gurús espirituales. Además, los estados y las experiencias vienen y van, y, si de verdad queremos poner fin al sufrimiento, debemos ir más allá de los estados y las experiencias pasajeros, más allá de las cimas espirituales, y descubrir algo que no sea efímero. Algo que esté siempre presente. Algo que está aquí ahora mismo, pero que al parecer siempre ignoramos, empeñados en saborear experiencias futuras y añorantes de retornar a las glorias pasadas.
No me considero un gurú espiritual o un adalid de la autoayuda, un ser especial, despierto o iluminado, ni esencialmente distinto de ti en modo alguno. Me considero más un amigo que te indica con delicadeza cómo retornar a quien realmente eres, que te recuerda lo que, en lo más hondo, ya sabes. Por supuesto, no deseo que te limites a creer todo lo que digo. Quiero que indagues tú mismo, que pongas a prueba todo lo que digo y lo cotejes con tu propia experiencia. Yo no soy una autoridad en materia de la vida (¿quién puede ser una autoridad en que los pájaros canten, en que lata el corazón, en que caiga la lluvia o en que este momento sea como es?), pero quizá las palabras de este libro te devuelvan a una percepción consciente de lo que es realmente verdad en tu experiencia ahora mismo. Tal vez te devuelvan a una profunda aceptación total, a una sencillez y un reposo que son la esencia de todo, que te llevarán más allá de la necesidad de ninguna autoridad externa y te dejarán libre, como un árbol en mitad de la tormenta, mirando a la vida de frente, entregado de lleno a las realidades y los desafíos de la existencia relativa, pero también sólidamente asentado en la inquebrantable certeza de quien de verdad eres, firmemente enraizado en un saber que nunca morirá.
Extracto del libro:
La más profunda aceptación
Jeff Foster
Fotografías tomadas de Internet
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