Instrucciones orales secretas
En ese momento ambiguo y extraño está presente nuestra mente sabia. Allí mismo, en la incertidumbre de nuestro caos cotidiano, está nuestra mente sabia.
A veces, a última hora de la noche o durante un largo paseo con un amigo, nos encontramos comentando nuestras ideas respecto a cómo vivir y actuar y que es importante en la vida. Si estudiamos budismo y practicamos meditación, puede que hablemos del no-yo y del vacío, de la paciencia y la generosidad, del amor y de la compasión. Puede que hayamos leído u oído alguna enseñanza que haya puesto del revés nuestra forma habitual de ver las cosas. O quizá sentimos que hemos vuelto a conectar con una verdad que siempre hemos sabido y que, si pudiéramos saber de ella aún un poco más, haría deliciosa nuestra vida. Contamos a nuestros amigos nuestro anhelo de soltar la enorme carga que siempre hemos llevado. De repente estamos muy animados y sentimos que es posible. Hablamos a nuestros amigos de la inspiración que sentimos y de cómo abre nuestras vidas.
«Es posible», decimos, «disfrutar de las mismas cosas que suelen deprimirnos. Podemos disfrutar de nuestro trabajo, de viajar en metro, de apartar la nieve del camino, de pagar las facturas y hasta de fregar la vajilla.»
Pero puede que te hayas dado cuenta de que a menudo hay una discrepancia irritante, si no deprimente, entre nuestras ideas y buenas intenciones y nuestra forma de actuar cuando nos enfrentamos a los detalles precisos y concretos de las situaciones de la vida real.









