Érase una vez ... un joven que estaba solo. Vivía en una pobre cabaña, sin amigos ni parentela. Una mañana de invierno observaba los carámbanos (pedazo de hielo en forma de cono) que se formaban en el borde del tejado, gotas de cristal que resplandecían en el sol.
Y exclamó:
-¡Me gustaría que el cielo me enviara una esposa que tuviera la blancura irisada y la maravillosa belleza del hielo!
Aquella noche, cuando se disponía a acostarse, llamaron a la puerta:
-¿ Quién está ahí?
-Soy la joven que has reclamado esta mañana al cielo.
Vengo a ofrecerme a ti como esposa.
El joven, intrigado, abrió inmediatamente. En el umbral había una muchacha muy bella. Sus manos eran opalinas y sus mejillas anacaradas brillaban bajo la luna.
-¡Entra! -dijo, seducido.
Cuando la muchacha se hubo instalado en la cocina, le preguntó:









