La mayoría de nosotros espera a que una guerra se desate para hacer algún esfuerzo para detenerla. Muchos de nosotros no sabemos que las raíces de la guerra están en todas partes, incluso en nuestra forma de pensar y de vivir. No somos capaces de ver la guerra cuando aún está oculta. Sólo empezamos a fijarnos en ella cuando estalla y la gente empieza a hablar sobre la misma. Entonces nos sentimos abrumados por la intensidad de la guerra, nos sentimos impotentes. Nos ponemos del lado de alguien y creemos que un bando tiene la razón y que el otro está equivocado. Condenamos a una de las partes, pero no podemos contribuir en nada a poner fin a la destrucción que ha causado la guerra.
Como verdadero practicante, practica el observar profundamente la situación para percibir la guerra antes de que empiece. Comienza a actuar para detenerla antes de que estalle. Con tu visión y conocimiento, puedes ayudar a los demás a despertar y a concienciarse. Y después podréis actuar hábilmente juntos para impedir que la guerra se desencadene.
Los países de la OTAN creyeron que la violencia, que bombardear Belgrado, era la única solución para acabar con la discriminación racial de la antigua Yugoslavia. Creyeron que no había ninguna otra opción. No fueron capaces de ver las raíces de la guerra ni de responder a ellas, y eran ya evidentes antes de que la guerra empezara, porque su capacidad de observar profundamente, de meditar, era limitada. La violencia nunca generará paz ni comprensión. La paz sólo puede alcanzarse observando profundamente para comprender las raíces de la violencia.









