Cada momento es atómico y no hay necesidad de que dos momentos tengan alguna secuencia, ninguna necesidad.
Es la mente unidimensional la que continuamente solicita algún significado que abarque todos los momentos... que todo esté conectado por una cadena de causa y efecto, que todo deba moverse hacia alguna parte, llegar a alguna parte, concluir en alguna parte. Esa es la mente lógica, la mente unidimensional.
La vida es multidimensional. Carece de objetivo, de destino. Y, de hecho, carece de significado... en el sentido de que todos los momentos vayan en fila con una meta en alguna parte. No, la vida no va a ninguna parte. Simplemente danza aquí. La palabra correcta es danza, no movimiento.










Generalmente erigimos una barrera llamada culpa que nos impide comunicar de manera genuina con los demás, y la fortificamos con nuestras ideas sobre quién tiene razón y quién no. Es algo que hacemos con las personas cercanas, con los sistemas políticos y con todo lo que no nos gusta de nuestros asociados o de la sociedad. Culpar a los demás es una herramienta muy común, antiquísima y muy perfeccionada con la que tratamos de sentirnos mejor. Culpar es una forma de proteger nuestros corazones, de proteger lo suave, lo abierto y lo tierno que hay dentro de nosotros. En lugar de adueñarnos de