En cuanto uno sabe cómo hallarse en un estado de dejarse ir, entonces por primera vez la vida comienza a acontecer Nos esforzamos innecesariamente por alcanzar algo; de hecho, el mismo esfuerzo es el estorbo.
La vida sucede... no se puede alcanzar. Cuanto más se afana uno, menos tiene. No hace falta ir hacia ella, viene por su propia cuenta. Lo único que hace falta es un estado total de receptividad, de apertura. Hay que convertirse en un anfitrión de vida. No se requiere perseguirla. En eso anida la desdicha; cuanto más la perseguís, más se aleja.









