El conocimiento destruye la capacidad de maravillarse. Esta es una de las cosas más preciadas de la vida, y el conocimiento la destruye. Cuanto más sabes, menos te maravillas, y cuanto menos te maravillas, menos significa la vida para ti.
No estas extasiado con la vida. No estas sorprendidos... empiezas a dar las cosas por sentadas.
El corazón inocente está en un continuo estado de maravilla, como un niño que recoge caracolas o piedras de colores en la playa, o que simplemente corre de un lado a otro en un jardín en pos de mariposas... y se maravilla por todo. Por eso los niños hacen tantas preguntas.









