Cuando éramos niños nuestro padre y nuestra madre nos enseñaron a respirar, a andar, a sentarnos, a comer y a hablar. Pero cuando empezamos a practicar, volvemos a nacer como seres espirituales. Hemos de aprender a respirar de nuevo, con plena conciencia.
Aprendemos a andar de nuevo, con plena conciencia.
Deseamos aprender a escuchar de nuevo, siendo conscientes de
ello y con compasión. Deseamos aprender de nuevo a hablar,
con el lenguaje del amor, para honrar nuestro compromiso
original:
«Cariño, estoy sufriendo. Estoy enojado. Deseo que lo sepas
».








