¿Será cierto que sabemos más que nuestros hijos?
A veces sí y a veces no.
En el mejor de los casos, intentamos capacitar a nuestros hijos para entrenarlos a resolver problemas que nunca van a tener. Porque van a tener otros... ¡que nosotros ni siquiera pudimos imaginar!
Los padres no vamos a vivir en el mundo de nuestros hijos. Nosotros hemos vivido en el nuestro.
Las enseñanzas que nos daban nuestros padres y las que nuestros abuelos les daban a ellos servían porque el mundo era más o menos parecido. El mundo en el que vivieron mis tatarabuelos era muy parecido al mundo en el que vivieron mis bisabuelos.
Lo que mi tatarabuelo había aprendido a mi bisabuelo le servía. Lo que mi abuelo aprendió le sirvió más o menos a mi papá. Lo que mi papá aprendió a mí me sirvió bastante. Pero lo que yo aprendí a mi hijo le va a servir muy poco.
Y quizás, lo que mi hijo aprenda a mi nieto no le sirva para nada...
Suceden cosas muy interesantes en el mundo en el que vivimos.
Como dice mi mamá, “los chicos vienen cada vez más inteligentes”. Y es verdad.
Hace treinta años, en neonatología los índices de ma-duración normales del bebé para el sostenimiento de la cabeza oscilaban entre los ocho y los diez días. Hoy la mayoría de los bebés nace pudiendo sostener la cabeza.
Los chicos nacen más maduros, a las tres semanas de vida tienen reflejos que antes aparecían a los dos o tres meses. Tienen una capacidad de aprendizaje que nosotros, cuando nacimos hace cincuenta años, no teníamos porque era normal no tenerla.
JORGE BUCAY
El Camino de la Autodependencia.
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