domingo, 1 de marzo de 2015

CEGUERA AMOROSA O IGNORAR LO MALO


Cuatro maneras de idealizar al ser amado y distorsionar la realidad a favor del «amor»

CEGUERA AMOROSA O IGNORAR LO MALO

Algunas idealizaciones son conscientes y abiertamente descaradas. Una mujer me explicaba: «Todos los hombres que he tenido han sido una calamidad. Yo me concentraba en los defectos que tenían y me moría de la rabia. Así que decidí hacer la vista gorda y mirar para otro lado cuando algo no me gustaba. Me va mejor de esta manera, sufro menos y a mis cincuenta años, sé que no puedo andar con tantas exigencias ». La estrategia de afrontamiento elegida por mi paciente podría resumirse así: no me interesa conocer o ver lo que no quiero del otro, entonces, lo ignoro; no existe y punto.

Infinidad de personas aman solamente la parte del otro que les conviene o que les afecta menos: «¿Mi marido es infiel? Esa parte no me interesa». «¿Ella consume drogas? No sé de qué me habla» o «¿Mi pareja se juega el dinero en el casino? No creo que sea cierto». Tácticas de supervivencia para enfrentar una realidad que nos sobrepasa y no sabemos qué hacer con ella. Cuando el peligro ronda, algunos hacen como el avestruz y esconden la cabeza bajo tierra, creyendo que con ello el riesgo será menor. Los niños pequeños recurren a una táctica similar cuando están frente a algo que no les gusta: se tapan los ojos y piensan: «Si no lo veo, no existe». Obviamente, el coste de semejante autoengaño es mortal para cualquier relación, porque el lado que no queremos ver ni asumir existe y se manifestará a su debido tiempo, produciendo caos y desconcierto.

Hay cierta inmadurez e irresponsabilidad en no tener en cuenta los comportamientos negativos del otro. Por ejemplo: si no te importa que tu pareja sea infiel o que se juegue tus ahorros en apuestas, terminarás con cuernos y en la pobreza más absoluta.

Es el riesgo de ignorar lo que no debe ignorarse, porque una cosa es obsesionarse con los defectos de la persona que amamos y otra desconocerlos por miedo a hacerles frente. Este optimismo deformado no anima, engaña. Es lo contrario de lo que le sucede a un buen pesimista: es ante todo un sujeto bien informado porque sabe que, cuanto más informado esté, menos probabilidades tiene de cometer errores. Así que, entre el optimismo eufórico del enamoramiento y el escepticismo inteligente del amor maduro, te recomiendo este último, aunque no haya mariposas o murciélagos en el estómago.

Extracto del libro: 
Manual Para No Morir de Amor 
Walter Riso
Fotografía de internet

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