jueves, 20 de octubre de 2022
VIVIR SIN RIESGO, ARRIESGARSE A NO VIVIR
Vivimos en una sociedad que rinde culto a la seguridad, pero la propia dinámica de la vida nos confirma a cada paso que damos que la seguridad total no existe, todo puede cambiar de un momento a otro. El cambio y la incertidumbre son reglas inalterables de la existencia, y tal vez, este hecho inalienable hace que la vida sea un tránsito apasionante, una aventura arrebatadora.
Adentrarse en terrenos que no nos son familiares y conocidos, de entrada, puede incomodarnos porque implica situarnos en espacios donde la propia experiencia no basta para dar respuestas ante la realidad que se nos presenta. En estos terrenos poco familiares debemos explorar nuevas maneras de relacionarnos con nosotros mismos y nuestro entorno, debemos desarrollar y potenciar nuevos recursos.
Debemos, en definitiva, abandonar transitoriamente nuestro confort y comodidad presente para alcanzar mayores cuotas de satisfacción personal, bienestar y plenitud futuras.
Asumir ciertos riesgos, como decíamos, incomoda, pero estar dispuestos a situarnos en una nueva dimensión desconocida ya es un éxito en sí mismo ya que, al hacerlo, nos redescubrimos a nosotros mismos y ampliamos la experiencia de lo que somos o podemos llegar a ser.
Vivir sin cierto riesgo es, ciertamente, arriesgarse a no vivir.
Daniel Ramos Autó
Extracto del libro:
365 semillas de conciencia para una vida plena
Fotografías tomadas de Internet
miércoles, 19 de octubre de 2022
42.LAS ADICCIONES.
La comprensión vulgar de las adicciones se reduce a las drogas. En un mundo en el que se propone el consumismo como dedicación, es decir, como religión dedicada a las autosatisfacciones sensuales, sexuales, de la exhibición de la imagen, la presunción, los sueños y las fantasías, las compras, la tecnología (internet, móvil…), vestimenta, cirugía estética, gimnasios, dietas, comida en exceso, en defecto, sexo, amor, fama, aireación de la intimidad, emocionabilidad de culebrones, exaltación de las desviaciones de todas clases, diabolismo, supersticiones, adivinación, coleccionismo, tatuajes, viajes superficiales, banalización, iconoclastia, superdeportes… y mil adicciones más, no es de esperar ninguna propuesta restrictiva por parte de ningún sistema mayoritario de concienciación de masas desde la Escuela a la Universidad, desde los periódicos y revistas a las televisiones. Sospechoso.¿Cuántas personas creemos que se preguntan por ello? ¿Cuántas han descubierto que están siendo manipuladas manteniéndolas en un estado infantil pasivo?
¿Cuántas no creen haber nacido sólo para divertirse? ¿Para qué, entonces? Habrá que buscar en el fondo.
Bibliografía:
La luciérnaga ciega: Soko Daido Ubalde
Fotografía tomada de internet
ENCONTRAR CONEXIÓN EN LA SOLEDAD
P: Estoy aprendiendo a ver profundamente mi soledad y sentarme con ella. Eso es muy útil. Sin embargo, la soledad surge cuando quiero conectarme con los demás. Quizá por cierta energía, quizá por el karma, porque algo me juzga u otra razón, porque hay una falta de conexión con los demás.
R: Quizá pueda añadir un poco de perspicacia a eso último que mencionó – la falta de conexión. Estamos profundamente condicionados a buscar una conexión (y todo lo demás) fuera de nosotros mismos. Queremos que otros se comporten o hablen de cierta manera para sentir una conexión con ellos, sin recordar que es en lo profundo de nuestro ser que estamos conectados con ellos. La verdadera respuesta está en conectarnos con nosotros mismos; esa conexión está disponible incluso cuando alguien nos está juzgando o rechazando.
Cuando le agradamos a alguien y esa persona nos responde de modo positivo, podemos relajarnos y comportarnos de manera natural alrededor de ellos. Esto nos permite comportarnos con nuestro propio Ser. El sentido de conexión que anhela surge de la conexión propia con su modo de ser natural. De allí surge siempre el sentido de conexión, aun cuando pareciera que para sentir esa conexión necesitáramos el amor y la aprobación de los demás. Es más fácil sentir una conexión con los demás, cuando ellos responden a nosotros de modo positivo, ya que esto nos permite relajarnos y sentir nuestra propia conexión con la Fuente.
La sensación de falta de conexión es un área fructífera para el cuestionamiento.
Quien sabe lo que podría encontrar si desarrolla curiosidad acerca de esta falta de conexión. ¿En qué lugar de su cuerpo siente la carencia? ¿Qué hay en ese espacio vacío donde parece faltar la conexión?
Aunque uno nunca sabe lo que descubrirá cuando explora la sensación de carencia, muchas veces encuentra ¡eso que consideraba le faltaba! ¡Qué sorpresa descubrir que el espacio vacío dentro de usted está conectado a todos y a todo!
Extracto del libro:
Eso es eso
aka Nirmala
Fotografía tomada de internet
lunes, 17 de octubre de 2022
ARRIESGARSE
Vivir es una empresa de riesgo. Si la mitad del tiempo que dedicamos a evitar riesgos la dedicásemos a aprender cómo tomarlos, no tendríamos tanto que temer en la vida.
Ellis Paul Torrance
Extracto del libro:
365 semillas de conciencia para una vida plena
Fotografías tomadas de Internet
domingo, 16 de octubre de 2022
LA IDENTIDAD DE VÍCTIMA
Muchas personas que conozco se consideran, en cierto nivel, víctimas de la vida. Sé que yo pasé gran parte de mi vida sintiéndome una víctima. Si creciste en un ambiente religioso, quizá te contaran que tu dolor (o tristeza, o miedo, o cualquier otro sentimiento o emoción difícil de vivir) es un castigo o una prueba enviados por Dios para que expíes los pecados cometidos en esta vida o en vidas pasadas. O tal vez creas que el dolor que sientes se debe a tu karma, a no haber rezado con suficiente fervor o, peor aún, a que eres objeto de algún tipo de maldición. He conocido a muchos buscadores espirituales que han adoptado creencias del movimiento Nueva Era que dicen que, si enfermaron, fue por no estar lo bastante presentes, por no ser lo bastante positivos, por haberse provocado secretamente a sí mismos la enfermedad, o por no haber realizado sus prácticas espirituales debidamente o no haber seguido al pie de la letra las enseñanzas de su gurú. Básicamente, creen que no fueron capaces de asumir el control de sus vidas y que, por ello, son responsables, en un nivel profundo, de su dolor presente.
Quizá inventemos todos estos cuentos porque no queremos afrontar la verdad: que la vida escapa a nuestro control.
¡Quizá sea más fácil inventar un cuento que explique por qué no tenemos control sobre la vida que afrontar la verdad!
«¡Si hubiera rezado con más fervor, no me habría pasado esto!»..., eso no lo puedes saber. «Si hubiera sido más positivo, si hubiera estado más presente, si hubiera dado más amor, esto no habría pasado»..., no lo puedes saber. «Esto no habría ocurrido si me hubiera rendido totalmente a mi gurú»..., Es algo que desconoces. He visto a mucha gente castigarse mentalmente por sentir dolor, debido a conceptos adoptados a ciegas y jamás verificados personalmente.
Es cierto que el dolor y la enfermedad suelen interferir en nuestros planes. Habíamos planeado una importante reunión de negocios o una fiesta; habíamos planeado hacer un retiro espiritual, triunfar, viajar por el mundo, pasarlo bien...; habíamos planeado no ponernos enfermos, y aquí estamos postrados en cama, imposibilitados por el dolor. Parece realmente que el dolor interfiera en «mi vida». Me impide hacer lo que quiero hacer, ver a quien quiero ver, ir a donde quiero ir. El dolor no puede poner en peligro la vida en sí, pero sí parece que pueda representar una amenaza para mi vida. En otras palabras, hace peligrar mis planes, el relato de quien soy, de quien quiero ser, de la dirección en la que pensaba que iba, de mi papel en el mundo. Quizá todo nuestro sufrimiento sea simplemente una especie de duelo por los planes que se nos han desbaratado.
He conocido a personas que dicen que una de las cosas más difíciles de asumir cuando están enfermas es la sensación de que se están perdiendo algo, sobre todo si tienen que estar en cama el día entero. Se sienten desconectadas de la vida, marginadas, abandonadas. Todo «el resto del mundo» se está divirtiendo ahí fuera, viviendo sus vidas, buscando y encontrando lo que buscan, y yo estoy aquí, confinado en mi celda de la cárcel, imposibilitado para estar donde quiero estar, sin poder continuar con mi búsqueda. Tendemos a asociar el dolor y la enfermedad con la incompletud..., con sentimientos de que nadie nos quiere, de que nadie nos necesita, de que la vida nos ha abandonado. ¿Por qué me hace esto la vida? ¿Por qué me ha enviado este dolor? Debe de ser que no me ama. La vida parece favorecer a quienes están sanos, y, en mi dolor y mi enfermedad, me siento abandonado. Es una superstición ancestral.
Pero la verdad es que no puedes estar ni más cerca ni más lejos de la vida. No puedes estar ni más ni menos vivo. La vida no te puede abandonar, puesto que tú eres la vida, y eso significa que la vida está aquí incluso en medio de tu dolor, incluso en medio de tu enfermedad. No estás menos completo ni la vida te favorece menos por que te sientas enfermo o haya dolor. Sigues siendo el espacio plenamente abierto en el que todo viene y va, y ni todo el dolor o las enfermedades del mundo pueden quitarte eso. En realidad, lo que eres no puede ponerse enfermo, no puede estar indispuesto, no se puede deteriorar. Solo los relatos pueden desintegrarse; solo las identidades pueden estar «enfermas». Las ideas que tenemos sobre nosotros mismos, sobre lo que debería o no debería ocurrir..., esas sí pueden romperse en dos. Lo que tú eres es siempre Uno.
Esa es la cuestión, en realidad; que el dolor y la enfermedad hacen trizas nuestros relatos sobre la vida, nuestros relatos sobre tener el control. Cuando sufrimos por un dolor o una enfermedad, lo que realmente hacemos es llorar la muerte de los sueños que teníamos sobre cómo hubiera debido ser todo. Sin esas ideas sobre lo que debía haber ocurrido, sobre lo que debería ocurrir ahora y en el futuro, lo único que hay es lo que es. El paisaje constantemente cambiante de este momento es lo único que jamás tendremos que afrontar en la vida. Y no podemos saber que este momento no sea exactamente como debería ser. No podemos saber que las cosas no hubieran debido ser exactamente como son ahora mismo. No podemos saber que nuestras vidas se hayan desviado de cualquier clase de guión cósmico. No podemos saber que exista en realidad guión cósmico alguno.
Más allá del relato de mi enfermedad, más allá del relato de que mi vida no esté siendo como había planeado que fuera, más allá de lo que debería y no debería ocurrir, aquí estoy en este momento. Respirando. El corazón late. Aparecen sonidos. Danzan toda clase de pensamientos, sentimientos, sensaciones. Tal vez algún dolor. Tal vez algún miedo. Tal vez el sentimiento de que nadie me quiere, el sentimiento de abandono, de inutilidad, de debilidad, de agotamiento, de soledad. ¡Quién sabe qué ola llegará a continuación! El gran descubrimiento es que todo está profundamente aceptado aquí, en este espacio. Lo que en verdad soy acepta siempre profundamente la experiencia presente, incluso cuando lo que sucede me parezca inaceptable ahora mismo. Lo que soy, ya le ha dado permiso para entrar. Lo que soy, ya ha dicho sí a todo ello. Por eso este momento es como es. Las compuertas de la vida están permanentemente abiertas; así que, cuando regreso a la experiencia presente, descubro que este momento nunca es insoportable —incluso aunque sienta que no puedo soportarlo en este instante—, al igual que ninguna ola le resulta nunca insoportable al océano. Lo que soy lo acoge todo, lo permite todo, lo admite todo; y en ello reside la paz que sobrepasa todo entendimiento incluso en medio del dolor y la enfermedad.
Así como no existe otro tiempo que el presente, y nada salvo el Todo Absoluto, nunca hay en realidad nada que alcanzar, aunque el aliciente del juego sea fingir que lo hay.
Alan Watts
Extracto del libro:
La más profunda aceptación
Jeff Foster
Fotografías tomadas de Internet
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)









