miércoles, 28 de septiembre de 2022

EL QUE LA GOZA LA HALLA CORTA, Y EL QUE LA SUFRE LA HALLA LARGA


Uno de los requisitos fundamentales de la orden 
religiosa de cierto monasterio es que los jóvenes deben mantener un estricto silencio como forma de disciplinar el espíritu. La oportunidad de hablar está programada una vez cada dos años, momento en el que se les permite expresar tan solo una frase.

Un joven iniciado en dicha orden, y que había completado ya sus dos primeros años de formación, fue invitado por el superior a que pronunciara sus primeras palabras de presentación. «La comida es terrible», dijo. Dos años más tarde, fue una vez más conminado a hablar, y el joven utilizó esta vez su potestad para exclamar: «¡La cama abultada!». Al llegar a la oficina del superior de la orden dos años después, le espetó: «Me rindo». El superior le dijo: «Sabes, no me sorprende ni un poco. Todo lo que has hecho desde que llegaste es quejarte, quejarte y quejarte».
(Anónimo).

Si dispusiéramos de una especie de contador interno capaz de estipular, con precisión matemática y al término de cada día, el número de veces que expresamos una queja, nos sorprenderíamos. No somos conscientes, pero protestamos tan a menudo y ante tan pequeñas y absurdas contingencias que nuestros días se van a la cama cargados de negatividad, y nosotros, es evidente, con ellos.

¿Repasamos juntos la retahíla? Madrugar, la primera queja. El café demasiado caliente en el desayuno, el siguiente lamento. El tráfico, evidentemente, motivo de protesta universal. Un trabajo que no gusta (nueva queja). Al llegar a él, tratar con un jefe impredecible o huraño o unos compañeros maniáticos o cargantes (más lamentos). Las noticias, que nos enojan; las facturas, que nos desazonan… y si no tenemos motivo de queja por nada de lo anterior, siempre nos quedará un clima de mil demonios, en el que a nuestro parecer siempre hará demasiado calor o excesivo frío, o lloverá (y es una lástima), o no lo hará (y es un desastre…).

La queja debilita y, cuando damos refugio a la amargura y hacemos puerto en ella con lamentos, llantos y desesperanzas, el desánimo nos come y la felicidad (yo haría lo mismo en dicho trance) busca otro lugar un poco más amable donde atracar.

Hay gente que nunca alcanzará un mínimo de contento en sus vidas porque se quejan despiertos y cuando duermen sueñan con aquello de lo que se lamentarán mañana… y así, qué quieres que te diga: es imposible. De hecho, conozco personas que solo se sienten vivas cuando hablan sobre sus problemas (seguro que tú también conoces a más de una). En fin, que hay quienes eligen vivir quejándose, mientras otros optan, simplemente, por vivir.

Hay una manera sencilla de entrenarnos para afrontar la adversidad: trabajar con quejas pequeñas. Por ejemplo, si quedamos atrapados sin remedio en el asiento del medio del avión (cuestión que a nadie le entusiasma), es muy tentador pensar, de manera inmediata, en nuestra maldita mala suerte y acabar torturados, frustrados e incómodos durante las siguientes horas de viaje.

Es decir, optamos por sentirnos bien, pero por el hecho de sentirnos agraviados. A eso se le llama «quedar enganchado».

«Estar enganchado» implica que algo que provoca en nosotros una respuesta airada no queremos dejarlo ir. Sabemos que las consecuencias de nuestro enfado no van a ser buenas, pero no podemos resistirnos al enojo y a la réplica furiosa. ¿Solución? Darse cuenta de que uno mismo posee el control sobre sus emociones y que, por tanto, las reacciones a tales emociones también están dentro de nuestro ámbito de dominio y responsabilidad. Tú mandas, por decirlo de manera más rotunda. Y como tienes el control, desengánchate, no te ofusques, y cada vez que ocurra algo que te encrespe, déjalo estar. Invoca la calma.

Reflexión final: «Nacemos llorando, vivimos quejándonos y morimos desilusionados» (Thomas Fuller, historiador y capellán del rey de Inglaterra).



Extracto del libro:
Frases para cambiar tu vida
Ignacio Novo
Fotografía de internet

martes, 27 de septiembre de 2022

OPINIONES Y EMOCIONES


 

MAGIA-INGENIERÍA


 

INDIFERENCIA


El instructor nacional Daitó Kokushi, cuyo 
nombre honorífico significa «Gran Faro, Instructor de la Nación», fue uno de los fundadores de la famosa escuela O-Tó-Kan del zen Rinzai.

Murió en el siglo XIV.

Conforme con la costumbre de las antiguas escuelas zen, Daitó desapareció del monasterio tras su iluminación, para madurar su realización oculto en medio del mundo.

Pasaron varios años antes de que fuese descubierto viviendo bajo un puente de Kioto, en compañía de los mendigos sin hogar. De ahí se convirtió en un instructor del emperador.

Daitó escribió una vez un poema acerca de su vida como desheredado:

Cuando te sientas en meditación, 
ves a la gente 
ir y venir 
por la avenida del puente 
como árboles que crecen montaña adentro.



Extracto del libro:
Antología Zen
Cien historias de iluminación
Versión de Thomas Cleary
Fotografías tomadas de Internet

lunes, 26 de septiembre de 2022

AMPLIANDO LA SABIDURÍA


 

LA RELIGIÓN DE LA VIEJA DAMA


A una vieja dama de mentalidad muy religiosa, a la que no satisfacía ninguna de las religiones existentes, se le ocurrió fundar su propia religión.

Un periodista, que deseaba sinceramente comprender el punto de vista de dicha anciana, le preguntó un día: «¿De veras cree usted, como dice la gente, que nadie irá al cielo, a excepción de usted misma y de su criada?».

La vieja dama reflexionó unos instantes y respondió: «Bueno… de la pobre María no estoy tan segura».


Del libro:
Anthony de Mello
El Canto del Pájaro
Fotografía tomada del internet

domingo, 25 de septiembre de 2022

NO HACE FALTA MUCHO VALOR PARA DAR UN PASO


Lo importante tras haberse fijado un objetivo es entrar en acción. La señora de Charles 
Philipia, una abuela de sesenta y tres años, adoptó la decisión de trasladarse a pie desde la ciudad de Nueva York hasta Miami en Florida. Llegó a Miami y allí fue entrevistada por los periodistas. Estos querían saber si la idea de aquel largo viaje a pie no la había asustado. ¿Cómo había tenido el valor de efectuar semejante viaje valiéndose de sus piernas como único medio de transporte? «No hace falta mucho valor para dar un paso —contestó la señora Philipia—. Y, en realidad, eso fue lo único que hice. Di un paso. Y después di otro. Y otro, y otro, y aquí estoy.»

Napoleon Hill


Extracto del libro:
365 semillas de conciencia para una vida plena
Fotografías tomadas de Internet

UN ANECDÓTICO PUNTO DE VISTA




 

sábado, 24 de septiembre de 2022

MOMENTO INMEDIATO PRESENTE


 

ESTUDIAR LA MENTE


Los Estudios de la Mente constituyeron un 
movimiento seglar de autodesarrollo influenciado por el zen. Cierto día, un seguidor de los Estudios de la Mente acudió al Maestro Shósan para preguntarle acerca de lo esencial del budismo.

El Maestro zen dijo: «El budismo no consiste en utilizar tu intelecto discursivo para gobernar el cuerpo. Consiste en utilizar exclusivamente el momento inmediato presente, en no malgastarlo, sin pensar en el pasado o en el futuro.

»Es por ello por lo que los antiguos exhortaban a la gente, en primer lugar, a ser cuidadosos con el tiempo: esto quiere decir vigilar estrictamente la mente, echar todo afuera, sea bueno o malo, y desapegarse del ego.

«Además —continuó el Maestro zen—, para reformar la mente es bueno observar el principio de causa y efecto. Por ejemplo, aunque otros nos odien, no debemos guardarles resentimiento; debemos criticarnos a nosotros mismos, considerando por qué la gente habría de odiarnos sin razón alguna y aceptando que debe existir en nosotros un factor causal, e incluso que deben existir en nosotros otros factores causales, aunque aún desconocidos.

«Manteniendo que todas las cosas son efectos de causas, no hacemos juicios basados en ideas subjetivas. En conjunto, las cosas no ocurren de acuerdo con ideas subjetivas; suceden de acuerdo con las leyes de la Naturaleza. Si mantienes la conciencia de esto, tu mente se volverá muy clara.»



Extracto del libro:
Antología Zen
Cien historias de iluminación
Versión de Thomas Cleary
Fotografías tomadas de Internet
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