viernes, 11 de octubre de 2019

LA VERDADERA RELIGIÓN


DESPUÉS


Fue asesinado en una cervecería de los suburbios. Un policía lo mató por error, o porque andaba con una guitarra y tenía el pelo largo y no sabía bajar la cabeza ante la autoridad. El policía lo agarró por el pelo, le metió el caño de la pistola en un ojo y disparó. 

Javier Rojas fue enterrado en Buenos Aires. Y mientras en Buenos Aires se abría la tierra para recibirlo, muy lejos de allí, en Antofagasta, tembló la tierra donde Javier había nacido. Un maremoto, venido muy del fondo de las aguas, sacudió violentamente aquellas costas mientras el entierro ocurría. Y Gabriela, la hermana de Javier, pensó que Dios no existe, pero los dioses sí. 

Desde la noche que murió Javier, Gabriela perdió el olfato. Dejó de sentir el olor de las plantas, que habla por ellas, y el olor de las pieles, que revela a la gente, y el olor de los libros viejos, que es el olor del tiempo en que fueron leídos. 

Ayelén, la hija de Gabriela, supo de la muerte del tío y lloró hasta vaciarse. Después conversó el asunto con su mejor amiga, una pajarita invisible que duerme arriba del ropero y se llama Bocasucia, por su tendencia a las malas palabras. Y tras mucho charlar con la pajarita. Ayelén preguntó a su abuela: 

—Si Javier no está, ¿dónde está? 

—En el cielo— dijo la abuela. 

Y la niña quiso saber: 

—Y en el cielo, ¿hay policías?



Tomado de:
Cuentos de Galeano en la Jornada
Eduardo Galeano
Fotografía de internet

jueves, 10 de octubre de 2019

PERRERA


Cuando llega el invierno, el perro siente frío. Se dice entonces:

"Necesito absolutamente una perrera. iCuando vuelva el verano, me haré una de piedra, para pasar en ella el invierno!"

Pero, cuando llega el verano, nuestro perro recobra vigor y se pone de nuevo grueso. Orgulloso de su nueva fuerza, dice:

"¡Ninguna vivienda es suficientemente grande para mí!"

Y, ahíto, va a tumbarse perezosamente a la sombra. Por mucho que su corazón le diga: "¡Anda! ¡Construye tu perrera!", él se dice a sí mismo: "¿Qué perrera sería digna de acogerme?"

Cada vez que caes enfermo, tus deseos y tus ambiciones pierden su fuerza y construyes una casa de arrepentimiento.



150 Cuentos sufíes
Maulana Jalāl al-Dīn Rūmī
Fotografía tomada de internet

LAS IDEAS TE ENVEJECEN


miércoles, 9 de octubre de 2019

PENSAMIENTO Y CONCIENCIA


HAZ DEL DHARMA ALGO PERSONAL


Algunos podemos aceptar a los demás, estén donde estén, con mucha más facilidad de lo que nos aceptamos a nosotros mismos. Sentimos que la compasión está reservada para los demás y nunca se nos ocurre sentirla por nosotros mismos. 

Mi experiencia me enseña que cuando practicamos sin tomárnoslo como un deber, vamos descubriendo gradualmente nuestro despertar y nuestra confianza. Gradualmente, sin programa previo excepto el de ser honestos y bondadosos, asumimos la responsabilidad de estar aquí, en este mundo impredecible, en este momento único, en este precioso cuerpo humano. 

Por fin llegué a ese momento en el que estaba preparada para ralentizar el impulso habitual de mi mente y dejar de ser tan predecible. Empecé por dejar de actuar de la manera habitual. Me resultó difícil porque sentía muchas ganas de resolver el problema; era la sensación que Trungpa Rinpoche llamaba «nostalgia del samsara». Pero mi curiosidad respecto a las enseñanzas era mayor que mi anhelo de hacer lo que siempre había hecho. Estaba entrando en tierra de nadie y me sentía temblorosa. Era una situación real, no una elevada teoría que hubiera leído en algún libro. No sabía qué pasaría a continuación, pero cualquier cosa era preferible a reaccionar como siempre lo había hecho. 

Cada acto cuenta. Cada pensamiento y emoción también cuentan. Éste es el único camino que tenemos. Aquí es donde hemos de aplicar las enseñanzas y donde llegamos a entender por qué meditamos. Sólo vamos a estar aquí un breve espacio de tiempo. Aunque vivamos hasta los 108 años, nuestra vida será demasiado breve para ser testigos de todas sus maravillas. El dharma es cada acto, cada pensamiento, cada palabra que pronunciamos. 

¿Estamos dispuestos a darnos cuenta cada vez que nos descentramos y a hacerlo sin avergonzarnos? ¿Aspiramos al menos a no considerarnos un problema, sino seres humanos muy típicos que en este mismo momento pueden tomarse un descanso y dejar de ser tan predecibles? 

Según mi experiencia, así es como nuestros pensamientos empiezan a ralentizarse. Mágicamente, de repente parece que hay mucho más espacio para respirar, mucho más espacio para bailar y mucha más felicidad. 

El dharma puede curar nuestras heridas, antiguas heridas procedentes no del pecado original, sino de un malentendido tan antiguo que ya ni podemos verlo. La instrucción es relacionarnos compasivamente con nosotros mismos aceptando el lugar donde nos encontramos, y empezar a considerar que nuestra situación es trabajable. Estamos pillados en el hábito de aferrarnos a las cosas y fijarlas, que hace que tengamos la misma reacción una y otra vez; así es como proyectamos nuestro mundo. Cuando vemos este mecanismo, aunque sólo sea un segundo cada tres semanas, podemos pillarle rápidamente el truco a este proceso de solidificar las cosas y podemos detener nuestro mundo claustrofóbico, dejando en el suelo el equipaje que acarreamos desde siglos y entrando en un nuevo territorio. 

Si preguntas cómo hacerlo, la respuesta es simple. Haz del dharma algo personal, explóralo de todo corazón y relájate. 


Extracto del libro:
Cuando Todo Se Derrumba
Pema Chödron
Fotografía de Internet

martes, 8 de octubre de 2019

EL CONCEPTO DE TI MISMO


EL DON DE VIVIR SIN MIEDO


Si tienes a un ser querido que esté enfrentándose a la posibilidad de morir, conocerás bien el miedo que acompaña a esa situación. El mejor modo de ayudar a alguien así pasa por aprender a cultivar la ausencia de miedo, fundamento de la verdadera felicidad. Ese no miedo es el mejor de los regalos que puedes ofrecer a alguien. Si en esos momentos difíciles puedes sentarte y acompañar a tu amigo, le ayudarás a morir tranquilamente y sin miedo. La ausencia de miedo es el fundamento de la enseñanza budista. 

La práctica de la meditación nos ayuda a generar la energía de la plena consciencia y de la concentración. Esta energía nos permite darnos cuenta de que, en realidad, nada nace y nada muere, lo que contribuye a eliminar el miedo a la muerte. Y es que, cuando entendemos que no podemos ser destruidos, nos liberamos del miedo. 

Esta es una gran liberación. La ausencia de miedo es la alegría última. 

Si tenemos miedo, no podremos ser completamente felices. Y como el miedo va unido al deseo, el hecho de que corramos en pos de algún objeto de deseo es una evidencia de que todavía tenemos miedo. 

Queremos estar seguros y ser felices, de modo que empezamos a desear a la persona, el objeto o la idea (como, por ejemplo, la riqueza o la fama) que creemos que nos garantizará el bienestar. Pero como nunca podemos satisfacer completamente nuestros deseos, seguimos asustados y huyendo. Cuando nuestro miedo desaparezca, dejaremos de correr en pos del objeto de nuestro deseo (independientemente de que se trate de una persona, de una cosa o de una idea). Solo estaremos en paz cuando el miedo concluya. Y cuando la paz impregna nuestro cuerpo y nuestra mente, no solo dejaremos de estar acosados por las preocupaciones, sino que, de hecho, tendremos menos accidentes. 

Entonces seremos libres. 

La capacidad de encarnar el desapego y la ausencia de miedo es un regalo mucho más precioso que el dinero o las riquezas materiales. 

El miedo estropea nuestra vida y nos hace miserables. Nos identificamos con objetos y personas como el náufrago se aferra a cualquier objeto flotante. Ejercitando el desapego y compartiendo esta sabiduría con los demás, estamos regalando también la ausencia de temor. Todo es provisional. Este momento pasa y también lo hará el objeto de nuestro deseo, pero siempre podemos acceder a la felicidad. 




Extracto del libro:
Miedo
Thich Nhat Hanh
Fotografía tomada de internet

lunes, 7 de octubre de 2019

SEMILLAS


Cuando el pájaro se posa en un muro y ve las semillas que sirven de cebo a la trampa, su deseo lo impulsa hacia esas semillas. Las mira, luego mira las vastas planicies. El ave que se resiste a esa tentación vuela hacia las planicies, llena de gozo.



150 Cuentos sufíes
Maulana Jalāl al-Dīn Rūmī
Fotografía tomada de internet

LA CONSCIENCIA NO ES UN CONCEPTO


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