miércoles, 21 de marzo de 2018
martes, 20 de marzo de 2018
NO OÍMOS LO QUE NOS DICEN, SINO LO QUE QUEREMOS ENTENDER
Las Hermanas de la Merced estaban a punto de ser enviadas como misioneras. La Madre Superiora tenía una última pregunta que hacerle a cada una de ellas antes de decidir cuáles eran las más aptas para la peligrosa tarea que les esperaba.
"Hermana Ágata", le preguntó a la primera. "¿Qué haría usted si estuviera caminando por una calle desierta y un hombre extraño la abordara y le hiciera una propuesta indecente?"
¡Oh, Santísima Madre de Dios!, suspiró la primera horrorizada. ¡Qué todos los santos me amparen! Me postraría de rodillas y le rogaría a la Virgen por la salvación de mi alma. La Madre Superiora tomó nota de que la hermana Ágata sería más apta para las labores domésticas. Le formuló la misma pregunta a la hermana Inés, la cual respondió: Pues le daría una trompada en la nariz y me iría corriendo tan rápido como pudiera, gritando: ¡Socorro, socorro!
La Madre Superiora anotó a la hermana Inés como una de las posibles candidatas para el trabajo misionero. En seguida le dirigió la pregunta a la hermana Teresa, la que comenzó diciendo: Bueno, pues primero le bajaría los pantalones...
La Madre Superiora se atragantó levemente, pero la hermana Teresa siguió: Y después me levantaría el vestido, y entonces...
-Hermana Teresa -le interrumpió la superiora,- ¿qué clase de respuesta es ésa?
-Es que creo -explicó la otra- que yo puedo correr más rápido con el vestido levantado que él con los pantalones abajo.
lunes, 19 de marzo de 2018
domingo, 18 de marzo de 2018
UNA CARTA
Vera Carnevale, que tenía once años, escribió una carta a su padre enfermo.
Te digo: querete, cuidate, protegete, mimate, sentite, amate, disfrutate. Te digo: te quiero, te cuido, te protejo, te mimo, te siento, te amo, te disfruto.
Con la carta de su hija bajo la almohada, Héctor se fue en el sueño.
sábado, 17 de marzo de 2018
MIRAR LOS OBSTÁCULOS
Un reconocido maestro hindú, Osho, decía que nuestra forma de pensar se congela y nos quedamos recorriendo siempre los mismos caminos, pues la mente se fija a las cosas que pensamos. Hoy en día este fenómeno se conoce como "paradigma".
Osho daba un ejemplo. Imaginemos que vamos en bicicleta por una carretera: el aire fresco golpeándonos el rostro; los árboles, las nubes, la naturaleza, las aves, los montes lejanos... Imaginemos que de pronto vemos una gran piedra en medio del camino. Si fijamos toda nuestra atención en la piedra -es decir, en el obstáculo por más que sólo ocupe un breve espacio en la carretera, terminaremos chocándonos con ella.
Pensemos cuántas veces descubrimos un obstáculo en la vía y, al asumirlo, como si fuera lo único, hacemos desaparecer todas las demás opciones (los árboles, las nubes, el resto del camino), dirigiéndonos irremediablemente hacia él, hacia la piedra.
viernes, 16 de marzo de 2018
EL ARTE DE CONVENCER AL SÚBDITO
Esta guerra psicológica por tener el control e imponer la soberanía personal a cualquier coste se sustenta en cuatro esquemas altamente nocivos y disfuncionales: inculpación: «Muerte al vil villano»; prerrogativa: «Debes tratarme siempre como yo quiero»; Argumentum ad hominen; y el arte de convencer al súbdito.
EL ARTE DE CONVENCER AL SÚBDITO
No es más que un lavado de cerebro. De tanto oír que somos imbéciles podemos creernos el cuento y satisfacer a nuestros evaluadores. Ya no se trata de la obligación que genera la pirámide de mando, sino de un Disneyworld personalizado donde los subalternos son felices al asumir el papel que les asigna el poderoso. El sujeto autoritario busca que la ley del gallinero haga feliz a los de abajo, no importa cuántos excrementos reciban en honor a la causa. Dos premisas que se incrustan en el cerebro: «Te he elegido entre muchos» y «tienes el privilegio de servirme y de estar en mi equipo.» Es decir, ¡tienes la suerte de estar bajo mi mando!
Una de las estrategias preferidas de las personas autoritarias es la aplicación de la gota malaya, que consiste en aplastar el yo de sus subordinados de manera lenta y sistemática, hasta que se convenzan de que no pueden aspirar a más. Destruir la autoestima y aniquilar la voluntad. Es la táctica de idiotizar a las multitudes o a las personas para consolidarse en el poder y seguir allí bajo los auspicios de aquellos que ya no ejercen el derecho de pensar libremente.
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