miércoles, 24 de mayo de 2017

LOS TRES HERMANOS*


Tres hermanos se internaban todas las mañanas en el bosque a cortar leña. Cada día se turnaban para que uno de ellos se quedara en la cabaña y preparara la comida.

Un día, mientras el hermano mayor estaba solo en la cabaña, apareció un enano y le preguntó si podía comerse los restos del desayuno. El muchacho dijo que sí y el enano empezó a comer. De pronto dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera. Cuando este se inclinó, el enano lo golpeó con un palo en la cabeza.

A la mañana siguiente, el segundo hermano se quedó solo en la cabaña, y el enano volvió a aparecer. Le preguntó si podía comer los restos del desayuno y dejó caer el pan. Pidió al muchacho que lo levantara y, cuando este se agachó, lo golpeó con un palo.

Al otro día se quedó en la cabaña el hermano menor. El enano le preguntó si podía comer los restos del desayuno, y el joven le contestó: “Sí, sobre la mesa hay pan. Sírvete”. Cuando el enano dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera, este le respondió: “Si no puedes arreglártelas con tu propio pan, no sobrevivirás. Recógelo tú”. El enano le dio las gracias y le preguntó si le gustaría saber dónde encontrar a la princesa y el tesoro.

ETIQUETAR A ALGUIEN


martes, 23 de mayo de 2017

CATALOGAR O ETIQUETAR A LAS PERSONAS


El búnker defensivo de los prejuiciosos: cómo justificar el odio y la discriminación 

Un prejuicio instalado en la base de datos de una persona es como un Caballo de Troya que se mimetiza con toda su información. Y afecta a los demás, quienes deben desarrollar nuevas estrategias de afrontamiento para sobrevivir al rechazo.83 Los prejuicios echan raíces y se aferran a las estructuras psicológicas creando un mundo subterráneo altamente resistente al cambio. De la mano de la rigidez, el pensamiento que prejuzga organiza la forma de perpetuar los estereotipos, los sentimientos de hostilidad y la discriminación. Siguiendo los modelos recientes en terapia cognitiva,84 podemos identificar, al menos, cuatro sesgos o distorsiones que terminan alimentando al monstruo y haciéndolo cada vez menos poderoso: catalogar o etiquetar a las personas; polarización caprichosa: «Los otros son todos iguales»; sobregeneralización; y siempre alerta (o la paranoia del fanático). 

CATALOGAR O ETIQUETAR A LAS PERSONAS 

¡Es tan fácil etiquetar a alguien! Además, ¿quién no lo hace? El problema es que las etiquetas siempre están acompañadas de un paquete informacional que va más allá de la descripción. 

Tomemos la frase: «Él es conservador.» Esta afirmación trae aparejada un mundo de significaciones ocultas, muchas de las cuales no son necesariamente ciertas. De manera contraria a lo que piensan muchos, las investigaciones muestran que las correlaciones entre conservadurismo y rigidez son pobres. Es decir: no todo conservador es rígido en sus actuaciones y su manera de pensar ni cumple los requisitos para ser considerado un fanático. Muchas veces excluimos a las personas por la etiqueta que les ponemos, y, al hacerlo, nos perdemos la posibilidad de que el prejuicio se revierta. Obviamente, no estoy diciendo que debamos invitar a Drácula a las campañas de donación de sangre o a un asesino en serie al cumpleaños de nuestro hijo pequeño. Lo que sostengo es que, en más de un caso, las decisiones que tomamos respecto a alguien no se corresponden a la realidad sino a la «psicología del rumor». 

SIN EL "YO" DE POR MEDIO

lunes, 22 de mayo de 2017

FÓRMULA DEL ÉXITO


Si A es el éxito en la vida, entonces A = X + Y + Z. Donde X es trabajo, Y es placer y Z es mantener la boca cerrada.
(Albert Einstein)

Existen cursos y talleres para aprender a hablar correctamente y de forma efectiva, pero en ningún sitio nos enseñan a mantener la boca cerrada cuando deberíamos hacerlo.

Hablar lo justo, medir nuestras palabras y, en muchas situaciones, saber callar forma parte de esa fórmula del éxito que Albert Einstein dio a uno de sus alumnos.

La economía de las palabras es una opción muy valiosa tanto para las relaciones privadas como para el mundo laboral. Las personas empáticas saben escuchar y observar, y hablan solo cuando es necesario y beneficioso hacerlo.

Aprendemos mucho más prestando atención que hablando. De hecho, muchos problemas no llegan a resolverse porque el ego nos empuja a tener la razón y no tenemos en cuenta el punto de vista del otro.

LA COMPASIÓN


domingo, 21 de mayo de 2017

EL MIEDO


Una mañana nos regalaron un conejo de Indias. Llegó a casa enjaulado. Al mediodía, le abrí la puerta de la jaula.

Volví a casa al anochecer y lo encontré tal como lo había dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad.

DESPRENDERSE


sábado, 20 de mayo de 2017

POR UNOS SEGUNDOS DUDA DE LA SOLIDEZ Y VERDAD DE TUS OPINIONES


Tener aunque sólo sea unos segundos de duda respecto a la solidez y la verdad absoluta de nuestras opiniones, incluso el simple hecho de tomar conciencia de que tenemos opiniones, nos introduce a la posibilidad de la ausencia de ego. No tenemos que hacer desaparecer nuestras opiniones y no tenemos que criticarnos por tenerlas. Simplemente hemos de ser conscientes de lo que nos decimos a nosotros mismos y ver cuánto de ello no es más que nuestra percepción personal de la realidad, que puede ser compartida o no por los demás.

Dejamos ir estas opiniones y volvemos a la inmediatez de nuestra experiencia. Volvemos a ver el rostro de alguien que está inmediatamente frente a nosotros, volvemos a saborear nuestro café, a cepillarnos los dientes, a hacer lo que estemos haciendo. Si podemos ver nuestras opiniones como opiniones y dejarlas pasar aunque sólo sea por un momento, para volver a la inmediatez de la experiencia, quizá descubramos que estamos en un mundo muy nuevo, que tenemos nuevos ojos y nuevos oídos. 

Cuando hablo de percibir las opiniones, me refiero a ello como la forma más simple de comenzar a prestar atención a lo que hacemos y pensamos, y a toda la energía que dichas funciones implican. A continuación, podemos empezar a darnos cuenta de lo sólidas que hacemos las cosas y de lo fácil que nos resulta entrar en una guerra en la que nuestras opiniones tienen que prevalecer sobre las de los demás; esto es particularmente tentador cuando estamos implicados en una acción social. 

LA PRÁCTICA DE LA COMPASIÓN


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