El búnker defensivo de las mentes solemnes: la subestimación del buen humor
El humor es subversivo para una mente rígida. En su búnker defensivo, las mentes solemnes y amargadas no sólo se defienden de la alegría, lo que ya es bastante enfermizo, sino que pretenden imponer su estilo a los demás. Y eso tiene un nombre: intolerancia. Señalaré algunos de los mecanismos cognitivos por medio de los cuales las mentes rígidas intentan mantener e imponer su régimen de amargura: inferencia arbitraria:
«Los que ríen demasiado son frívolos»; catalogar:
«La gente espontánea es ridícula y peligrosa»; y maximización pesimista: «Vivir es sufrir.»
INFERENCIA ARBITRARIA: «LOS QUE RÍEN DEMASIADO SON FRÍVOLOS»
En cierta ocasión di una conferencia sobre mi libro ¿Amar o depender? Por distintas razones, la exposición tomó, gracias a la complicidad del público, un giro hacia el humor negro y la risa. Entre todos logramos mostrar el lado jocoso y tragicómico del enamoramiento y sus estragos. En realidad, todos los asistentes y yo terminamos riéndonos de nosotros mismos. Al terminar la conferencia se me acercó un colega bastante molesto por lo que había presenciado. Su queja fue que la conferencia había sido muy poco profesional porque «tanta risa era sospechosa». Ése es un mito intelectual: si las conferencias son serias, lentas, inescrutables, pesadas y ceremoniosas pensamos que lo que está diciendo el conferenciante debe de ser muy pero muy profundo. De acuerdo con este criterio, el Dalai Lama sería «superficial», y ni qué decir de la mayoría de los maestros espirituales y de muchos filósofos de la Antigüedad. He estado en reuniones en las que algunos de los presentes se retiran porque se están contando «demasiados chistes verdes». Y hay otros, más desubicados, que en plena parranda quieren debatir las condiciones políticas del país. Es evidente que hay un momento para cada cosa, pero los que han sido infectados por el virus del humor, antes o después y estén donde estén, mostrarán su lado gracioso. Prohibir la risa, el humor o cualquier expresión lúdica sólo se le puede ocurrir a una mente amargada.









