En una de mis conferencias alguien hizo el siguiente comentario:
"Quiero compartir con usted algo maravilloso que me sucedió. Fui al cine un día; poco tiempo después, estaba trabajando y realmente tenía problemas con tres personas en mi vida. De manera que dije: "Bueno, así como aprendí en el cine, voy a salir de mí mismo". Durante un par de horas me puse en contacto con mis sentimientos, con lo mal que me sentía hacia estas tres personas. Dije: "Realmente odio a esas personas". Después dije: "Jesús, ¿Qué puedes hacer al respecto?" Un poco más tarde me puse a llorar, por que me di cuenta que Jesús había muerto por esas personas, y, de todos modos, ellas no podían evitar ser como eran. Esa tarde tenía que ir a la oficina; allí hablé con esas personas. Les conté mi problema, y ellas estuvieron de acuerdo. Ya no estaba furioso con ellas y ya no las odiaba".
Siempre que usted tiene un sentimiento negativo hacia alguien, está viviendo en una ilusión. Algo grave sucede. No está viviendo la realidad. Algo en su interior tiene que cambiar. Pero ¿eso es lo que generalmente hacemos cuando tenemos un sentimiento negativo? "El tiene la culpa, ella tiene la culpa. Ella tiene que cambiar." ¡No! El mundo está bien. El que tiene que cambiar es usted.









