En nuestra vida cotidiana estamos corriendo continuamente. No tenemos la capacidad ni la oportunidad de detenernos y observar profundamente la vida que llevamos, pero hemos de hacerlo, para poder comprenderla. David se sentó durante cuarenta y cinco minutos en su habitación, observando la vida que había llevado. Descubrió muchas cosas y se echó a llorar. Lloró por primera vez en su vida porque reconoció su energía habitual y el daño que había causado a la gente que le rodeaba, a sus padres, amigos, hermanos y hermanas, y a sí mismo.
Podremos practicar la meditación sentados cada día, pero ¿hemos descubierto este tipo de cosas? Mientras meditas sentado has de ver a la Angelina que ha entrado en tu vida como un ángel. Has de ver cómo la relación se ha ido estropeando entre tú y ella: cómo la has tratado, la has hecho sufrir, y cómo te ha dejado. Cuando observas así tu relación, estás practicando la meditación profunda. La visión que adquieres te dirá exactamente lo que has de hacer o lo que no has de hacer. Tienes la capacidad de ofrecer el incienso procedente del corazón y recuperar a tu Angelina. Ella siempre está allí, el amor siempre está en tu corazón. Angelina está dispuesta a perdonarte si sabes cómo quemar el incienso que proviene de tu corazón, el incienso de los Ejercicios de Concienciación, de la concentración y la visión interior.









