Aquello de lo que estamos avergonzados es lo que no dejamos de esconder en nuestro interior; en el inconsciente. Va penetrando cada vez más en nuestro ser, circula por nuestra sangre, no cesa de manipularnos entre bambalinas.
Si quieres reprimir, reprime algo hermoso. Nunca reprimas algo que te avergüence, porque sea lo que fuere lo que reprimas, es profundo, y lo que sea que expreses se evaporará en el cielo. Así que expresa aquello que te avergüence, para eliminarlo de una vez. Lo que sea hermoso guárdalo como un tesoro en tu interior, para que no deje de influir en tu vida.
Pero siempre hacemos lo contrario. No dejamos de expresar lo que es hermoso; de hecho, nos excedemos. Expresamos más que lo que hay. No paras de decir: «Amo, amo, amo», y quizá ni siquiera sea tanto. Pero no dejas de reprimir la ira, el odio, los celos, la posesividad, y poco a poco descubres que te has convertido en todo lo que has reprimido, y entonces surge una profunda culpabilidad.









