domingo, 31 de enero de 2016

¿QUÉ ESTÁN BUSCANDO?


Carl Jung cuenta en uno de sus libros una conversación que tuvo con un jefe indígena norteamericano que le señaló que tal como él lo percibía los blancos tienen caras tensas, ojos penetrantes y un porte cruel. Dijo "Están siempre buscando algo. ¿Qué están buscando? Los blancos siempre quieren algo. Siempre están incó­modos e inquietos. No sabemos lo que quieren. Creemos que están locos". 

La corriente subterránea de desasosiego constante comenzó mucho antes del surgimiento de la civilización industrial occidental, por supuesto, pero en la civilización occidental, que ahora cubre casi todo el globo, incluyendo la mayor parte del Este, se manifiesta en una forma aguda sin precedentes. Estaba ahí ya en la época de Jesús y también seiscientos años antes, en la época del Buda, y mucho antes. ¿Por qué están siempre inquietos? Preguntaba Jesús a sus discípulos. "¿Puede la preocupación añadir un solo día a su vida?" Y el Buda enseñó que la raíz del sufrimiento debe buscarse en nuestro continuo desear y ansiar. 

sábado, 30 de enero de 2016

PASAJE (Epílogo)


Este relato llegó a mis manos hace unos meses por Internet. 

Contaba en aquel entonces una historia muy parecida a ésta, pero el sentido final de cuento era espantoso: de una maravillosa idea, alguien había hecho una horrible pancarta de discriminación y resentimientos, algo parecido a lo que ocurre entre algunos amados cuando el camino deja de ser el mismo. 

Decidí pues, como tantas otras veces, reescribir el relato para que llevara el mensaje que yo le creía merecedor. 

El rey Arturo había enfermado. En tan sólo dos semanas su debilidad lo había postrado en su cama y ya casi no comía. Todos los médicos de la corte fueron llamados para curara al monarca pero nadie había podido diagnosticar su mal. Pese a todos los cuidados, el buen rey empeoraba. 

Una mañana, mientras los sirvientes aireaban la habitación donde el rey yacía dormido, uno de ellos le dijo al otro con tristeza. 

- Morirá... 

En el cuarto estaba Sir Galahad, el mas heroico y apuesto de los caballeros de la mesa redonda y compañero de las grandes lides de Arturo. 

Galahad escuchó el comentario del sirviente y se puso de pie como un rayo, tomó al sirviente de las ropas y le gritó: 

- Jamás vuelvas a repetir esa palabra, ¿entiendes?. El rey vivirá, el rey se recuperará... Sólo necesitamos encontrar al médico que conozca su mal, ¿oíste?. 

El sirviente, temblando, se animó a contestar. 

- Lo que pasa, Sir, es que Arturo no está enfermo, está embrujado. Eran épocas donde la magia era tan lógica y natural como la ley de gravedad. 

- ¡Por que dices eso, maldición! – preguntó Galahad. 

- Tengo muchos años, mi señor, y he visto decenas de hombres y mujeres en esta situación, solamente uno de ellos ha sobrevivido. 

- Eso quiere decir que existe una posibilidad... Dime como lo hizo ése, el que escapó de la muerte. 

- Se trata de conseguir un brujo mas poderoso que el que realizó el conjuro, si eso no se hace, el hechizado muere. 

- Debe haber en el reino un hechicero poderoso – dijo Galahad -, pero si no está en el reino lo iré a buscar del otro lado del mar y lo traeré. 

- Que yo sepa hay solamente dos personas tan poderosas como para curar a Arturo, Sir Galahad, uno es Merlín, que aun en el caso de que se enterarara tardaría dos semanas en venir y no creo que nuestro rey pueda soportar tanto. 

- ¿Y la otra? 

TANTO PARA APRENDER*


Aprendí que la mayoría de las cosas por las que me preocupo nunca suceden.

Aprendí que cada logro alguna vez fue considerado imposible.

Aprendí que nada de valor se obtiene sin esfuerzo.

Aprendí que la expectativa es con frecuencia mejor que el suceso en sí.

Aprendí que aun cuando tengo molestias, no necesito ser una molestia.

Aprendí que nunca hay que dormirse sin resolver una discusión pendiente.

Aprendí que no debemos mirar atrás, excepto para aprender.

Aprendí que cuando alguien aclara que se trata de principios y no de dinero, por lo general se trata de dinero.

Aprendí que hay que luchar por las cosas en las que creemos.

Aprendí que las personas son tan felices como deciden serlo.

viernes, 29 de enero de 2016

EL VERDADERO TESORO


Bodhidharma, nacido en Sri Lanka 500 años después de Jesucristo, era el tercer hijo del rey de esta región hindú. A la edad de ocho años, se podía afirmar que ya tenía el satori. He aquí porqué: 

Un día, su maestro, un gran monje llamado Hanny Tara, recibió del rey una piedra de un valor inestimable. El maestro preguntó a los tres príncipes: ¿Conocéis algo en este mundo que tenga un valor más grande que esta piedra? 

El príncipe primogénito respondió: —Solamente usted, Maestro, ha recibido este regalo, usted está en posesión del tesoro más bello de la tierra. 

El segundo príncipe respondió igualmente: —Aunque buscáramos toda nuestra vida, no podríamos encontrar en nuestro mundo una piedra comparable. 

Bodhidharma, que tenía entonces ocho años, dijo a su vez —Es un verdadero tesoro, un tesoro inestimable, pero es un tesoro de este mundo, un tesoro vulgar.

MAESTRÍA


Conquistar el mundo no es un verdadero acto de valor; sí lo es conquistarse a uno mismo.

Ser un luchador en el mundo, ser un guerrero con otros, no es nada extraordinario. Más o menos, todos lo son, porque el mundo entero está en lucha. Es una guerra continua, a veces encendida, a veces fría.

Y cada individuo lucha porque todos somos educados en la ambición, estamos envenenados por la ambición. Y siempre que entra en juego la ambición, hay lucha, hay competencia. Cuando se es demasiado ambicioso... como lo es todo el mundo, porque la totalidad de las sociedades que han existido hasta ahora ha vivido en la ambición... Todos los sistemas educativos no hacen otra cosa que condicionar al niño para que sea ambicioso, exitosamente ambicioso.

El verdadero valor, la verdadera lucha, no están en el exterior.

jueves, 28 de enero de 2016

MEJORANDO NUESTRA COMUNICACIÓN


No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela.

Comunicarnos con claridad y asertividad es la clave para triunfar en un mundo social como el nuestro. Fallar en esta área comporta confusión y malos entendidos, y en definitiva se resume en problemas.

Estas son algunas claves para mejorar nuestra comunicación:

1. Aprende lenguaje corporal. Una persona no solo se comunica con palabras, sino también con gestos.

2. Sonríe. La sonrisa no está únicamente en los labios, sino también en tus ojos y tu voz.

3. Cuida tu lenguaje. Hay que evitar las palabras negativas, hostiles o limitadoras como «imposible» o «difícil».

¿Y NO SE PUEDE AMAR A DOS A LA VEZ?


En una de mis charlas, alguien me preguntó: “¿Y no se puede amar a dos a la vez?” 

Tenemos mucho miedo a esta pregunta, porque si aceptáramos y asumiéramos que se puede amar a mas de una persona o la vez, ¿qué sería de nuestra seguridad?. 

Si sostengo: 

Que se ama una sola vez en la vida es mentira... 

Que el amor está indisoluble ligado al sexo es mentira... Que el verdadero amor es eterno es mentira... 

Si declamo: 

Que no se puede volver a amar después de haber amado es mentira... Que mis afectos dependen de mi voluntad es mentira... 

Defenderme contándome la historia de los tipos de amores, es mentira... 

Si, encima de todo, ahora dijera que es posible amara a mas de una persona a la vez... 
¿qué nos quedaría? ¿la catástrofe?

miércoles, 27 de enero de 2016

EL SISTEMA


El sistema que programa la computadora que alarma al banquero que alerta al embajador que cena con el general que inquieta al presidente que intimida al ministro que amenaza al director general que humilla al gerente que grita al jefe que putea al empleado que desprecia al obrero que maltrata a la mujer que golpea al hijo que patea al perro.


Tomado de:
Cuentos de Galeano en la Jornada
Eduardo Galeano
Fotografía de internet

INCONSCIENCIA ORDINARIA E INCONSCIENCIA PROFUNDA


¿Qué quiere decir con distintos niveles de inconsciencia? 

Como probablemente sabe, mientras duerme usted se mueve constantemente entre las fases del dormir sin sueños y el estado de soñar. De forma similar, en el estado de vigilia la mayoría de las personas sólo cambia entre inconsciencia ordinaria e inconsciencia profunda. Lo que yo llamo inconsciencia ordinaria significa estar identificado con sus procesos de pensamiento y con sus emociones, sus reacciones, deseos y aversiones. Es el estado normal de la mayoría de las personas. En ese estado usted está gobernado por la mente egotista, y es inconsciente del Ser. Es un estado no de dolor o infelicidad agudos, sino de un nivel bajo de incomodidad, descontento, aburrimiento o nerviosismo casi continuos, una especie de estática de fondo. Puede ser que usted no se dé cuenta de esto porque es parte frecuente de la vida "normal", del mismo modo que no se hace consciente de un ruido continuo de fondo bajo, como el zumbido de un aire acondicionado, hasta que se detiene. Cuando se detiene de repente, hay una sensación de alivio. Muchas personas usan el alcohol, las drogas, el sexo, la comida, el trabajo, la televisión o incluso el ir de compras como anestésicos, en un intento inconsciente por suprimir la incomodidad básica. Cuando esto ocurre, una actividad que podría ser muy agradable, si se usa con moderación, se convierte en una actividad compulsiva o adictiva, y todo lo que se logra a través de ella es un brevísimo alivio de síntomas. 

La incomodidad de la inconsciencia ordinaria se convierte en el dolor de la inconsciencia profunda -­un estado de sufrimiento o infelicidad más agudo y más obvio- cuando las cosas "van mal", cuando el ego está amenazado o en su situación vital hay un reto, una amenaza o una pérdida importante, reales o imaginarias; o cuando hay conflicto en una relación. Es una versión intensificada de la inconsciencia ordinaria, diferente de ella no en el tipo sino en el grado.

martes, 26 de enero de 2016

UN CUENCO SOBRE EL VACÍO


He aquí una famosa historia concerniente al maestro rinzai Ikkyu, que vivió hace alrededor de tres o cuatro siglos. Ikkyu era entonces un joven monje en un templo zen en el que vivía también su hermano; un día, este último dejó caer un cuenco utilizado en la ceremonia del té, y se rompió; este cuenco era tanto más precioso cuanto que había sido ofrecido por el emperador. 

El superior del templo le riñó severamente, lo cual hizo llorar al pequeño monje. Pero Ikkyu le dijo que no se inquietara: Tengo sabiduría. Puedo encontrar una solución. Reunió los trozos de cerámica, los puso en las mangas de su kolomo y se fue a descansar al jardín del templo, esperando tranquilamente a que el maestro volviera. 

En el momento en el que le vio, fue a su encuentro y le propuso un mondo: 

—Maestro, los hombres nacidos en este mundo ¿mueren o no mueren? 
—Sin lugar a dudas mueren —respondió el maestro—. El mismo Buda murió.
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