He aquí una famosa historia concerniente al maestro rinzai Ikkyu, que vivió hace alrededor de tres o cuatro siglos. Ikkyu era entonces un joven monje en un templo zen en el que vivía también su hermano; un día, este último dejó caer un cuenco utilizado en la ceremonia del té, y se rompió; este cuenco era tanto más precioso cuanto que había sido ofrecido por el emperador.
El superior del templo le riñó severamente, lo cual hizo llorar al pequeño monje. Pero Ikkyu le dijo que no se inquietara: Tengo sabiduría. Puedo encontrar una solución. Reunió los trozos de cerámica, los puso en las mangas de su kolomo y se fue a descansar al jardín del templo, esperando tranquilamente a que el maestro volviera.
En el momento en el que le vio, fue a su encuentro y le propuso un mondo:
—Maestro, los hombres nacidos en este mundo ¿mueren o no mueren?
—Sin lugar a dudas mueren —respondió el maestro—. El mismo Buda murió.









