¿Está justificado el sacrificio? Lo dudo. Estar metidos en un huracán de peleas y discusiones o en la simpleza de una relación donde no existe la más mínima expresión de afecto no es bueno para el crecimiento psicoafectivo de los hijos; ni que decir tiene de la violencia física. Hemos de tener presente que los niños hacen más lo que ven hacer que lo que se les dice que hagan. Son esponjas informacionales y, para colmo, nos imitan. Es evidente que los hijos sufren con la separación de los padres, pero lo que más les afecta es la actitud que asuman sus progenitores antes, durante y después de terminar la relación.
Una separación consensuada, sin odios y en términos pacíficos, disminuirá el impacto negativo. Para los niños y no tan niños, es mejor el dolor de un divorcio inteligente que la tortura diaria de una mala convivencia. Cada mirada de odio que le echas a tu pareja es observada por tus hijos, procesada y guardada en la memoria; cada actitud de rechazo o de frialdad es incorporada a la base de datos de sus mentes en formación. No puedes disimular el desamor y la discordia y actuar como si nada pasara. Se nota, te sale por los poros. El desamor y la indiferencia crea un clima tenso que se siente en lo más íntimo.









