Cuando se esta en absoluto silencio, no hay movimiento en la mente, uno se empieza a sentir como la gran cima de la montaña... nevada.
La montaña siempre ha atraído a los meditadores. Hay algo en las montañas: el silencio, la quietud, la absoluta inmovilidad... casi atemporalidad. La montaña se mantiene casi siempre permanente, y el modo en que se yergue representa una forma de centrarse. Como si la montaña se hallara en una profunda situación de centrarse, todo se centra hacia dentro. Buda sentado bajo un árbol parece una montaña. Y no es fortuito que las primeras estatuas que se realizaron en el mundo fueran de Buda y estuvieran hechas en piedra piedra: una roca, inmóvil, atemporal, inmortal, centrada en sí misma.









