Trungpa Rinpoche preguntó en una ocasión a sus estudiantes: «¿Qué hacéis cuando os sentís aplastados? ¿Qué hacéis cuando las cosas se vuelven insoportables?»
Todos nos quedamos allí sentados preguntándonos qué decir. A continuación nos fue llamando de uno en uno.
Teníamos tanto miedo que respondimos con mucha autenticidad. Casi todos dijimos algo así como que nos quedábamos destrozados, olvidábamos la práctica y teníamos las reacciones habituales. No hace falta añadir que después de aquello percibimos muy claramente lo que hacíamos cuando nos sentíamos atacados, traicionados o confundidos, cuando nos encontrábamos en situaciones insostenibles o inaceptables. Empezamos a darnos cuenta de ello de una manera muy precisa. ¿Nos abríamos o nos cerrábamos? ¿Sentíamos amargura y resentimiento o nos suavizábamos? ¿Nos volvíamos más inteligentes o más estúpidos? Como resultado del dolor, ¿sabíamos más o menos de lo que significa ser humano? ¿Éramos más críticos con nuestro mundo o más generosos? ¿Nos penetraban las flechas o podíamos convertirlas en flores?









