El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y toda ciencia verdaderos.
El misterio es la antesala del verdadero conocimiento.
Darnos cuenta de todo lo que no sabemos estimula nuestra receptividad y nos pone en la senda del crecimiento personal.
Antes de convertirse en un reconocido escritor y científico, Carl E. Sagan fue un niño con una enorme capacidad para sorprenderse que parloteaba incesantemente sobre estrellas y dinosaurios. Sus progenitores alentaban en él esta curiosidad como parte de su educación. En sus propias palabras: «Mis padres no eran científicos. No sabían casi nada de ciencia. Pero al iniciarme simultáneamente en el escepticismo y al hacerme preguntas, me enseñaron los dos modos de pensamiento que conviven precariamente y que son fundamentales para el método científico».









