Gota a gota, igual que una tortura china, la indiferencia va acabando lenta y pesadamente con el amor. Por cada acto de indiferencia, se pierde un poco de amor y si la actitud se mantiene, el declive afectivo continuará hasta que no quede nada. Lo preocupante es que esta extinción afectiva puede durar años. Los consultorios están repletos de personas que han tardado media vida en reaccionar porque no han tenido el coraje de decir «basta» antes de que el amor desapareciera por sí solo.
También existe una muerte rápida del amor: la que llega de la decepción.








