Nuestra práctica se basa en la visión de la no dualidad.
Tanto nuestros sentimientos negativos como los positivos son orgánicos y pertenecen a la misma realidad. No es necesario luchar, sólo necesitamos abrazarlos y cuidar de ellos.
Por consiguiente, en la tradición budista, la meditación no significa transformarte en un campo de batalla, con lo bueno luchando contra lo malo.







