La tercera frase sigue a las anteriores de forma natural: «Por favor, ayúdame. Cariño, necesito tu ayuda». Éste es el lenguaje del verdadero amor. Cuando estás enojado con la otra persona, tiendes a decirle lo contrario: « ¡No me toques! ¡No te necesito!
¡Puedo arreglármelas sin ti!». Pero habéis hecho la promesa de cuidar el uno del otro.








