La respuesta es un rotundo sí. No me refiero a tener dos enamoramientos al mismo tiempo, porque el cerebro estallaría (aunque debo reconocer que algunos adolescentes, energéticos y vitales, parece que sobreviven a la descarga), sino a un amor más moderado y maduro, un amor que no solamente esté arraigado en el deseo sexual y también se distribuya en la amistad (philia) y en la ternura/compasión (agape). Pese a las protestas de los defensores de la monogamia y la exclusividad emocional, mucha gente abre sucursales y bifurca el sentimiento amoroso.
Una mujer explicaba así el surgimiento en ella de un amor bicéfalo:








