Tres causas: necesidad de ser amados, baja tolerancia al dolor afectivo o revanchismo.
El impulso a buscar un reemplazo emocional no solamente está motivado por la necesidad de ser amado y el alivio de la aversión, también puede generarse por revanchismo y desquite. Una adaptación afectiva de la ley del talión y de su equivalente «ojo por ojo»: «Quiero que sufras lo que yo he sufrido (o estoy sufriendo)». Pura inmadurez.






