Cuatro velas se quemaban lentamente. En el ambiente había tal silencio que se podía es-cuchar el diálogo que sostenían. La primera dijo:
—¡Yo soy la paz! Pero las personas no consiguen mantenerme encendida. Creo que me voy a apagar. Y, disminuyendo su fuego rápidamente, se apagó por completo.
Dijo la segunda:





