domingo, 4 de agosto de 2013

VIOLENCIA


La violencia jamás es parte de la naturaleza. Nadie nace violento. Uno es infectado por una sociedad violenta, por la violencia que lo rodea, que lo vuelve violento. De lo contrario, cada niño nace absolutamente no violento.

No hay violencia en tu propio ser. Está condicionada por las situaciones. Uno ha de defenderse contra tantas cosas que el ataque es el mejor método de defensa. Cuando una persona ha de defenderse tantas veces, se vuelve agresiva, violenta, porque es mejor golpear primero que esperar que alguien te golpee y luego atacar. Quien golpea primero tiene más posibilidades de ganar. 

Eso es lo que dice Maquiavelo en su famoso libro El príncipe. Es la biblia de los políticos. Afirma que el ataque es la mejor forma de defensa. No esperes; antes de que alguien te ataque, ataca tú. No hay necesidad de esperar. Cuando el otro ataca, Maquiavelo dirá que ya es demasiado tarde, que ya estarás del lado del perdedor. 

De ahí que las personas se tornen violentas. Muy pronto llegan a entender que serán aplastadas. El único modo de sobrevivir es atacar, y en cuanto aprendes este truco, poco a poco toda vuestra naturaleza se ve envenenada por él. Pero no es algo natural, de modo que lo puedes dejar caer.

Del libro:
DÍA A DÍA
Osho
Día 157

LA GENTE ESPERA


LA ESPADA CORTA SE ALARGA DANDO UN PASO


sábado, 3 de agosto de 2013

RESPETANDO AL MIEDO


Había una vez una joven guerrera. Su profesora le dijo que tenía que luchar con el miedo, pero ella no quería hacerlo. Le parecía algo demasiado agresivo, temerario; le parecía poco amistoso. Pero la profesora insistió y le dio las instrucciones para su batalla. Llegado el día, la estudiante estaba de pie en un lado y el miedo estaba al otro lado. La guerrera se sentía muy pequeña y el miedo parecía muy grande e iracundo. Ambos tenían asidas sus armas. La joven guerrera se levantó, fue hacia el miedo, se postró tres veces ante él y le preguntó: «¿Me das permiso para entrar en esta batalla contigo?» El miedo dijo: «Gracias por mostrar tanto respeto al pedirme permiso.»

La joven guerrera volvió a preguntar: «¿Cómo puedo derrotarte?» Y el miedo replicó: «Mis armas son que hablo muy rápido y me sitúo muy cerca de tu cara. Entonces te pones muy nerviosa y haces lo que te digo. Si no hicieses lo que te digo, no tendría ningún poder. Puedes escucharme y puedes respetarme, puedo incluso convencerte con mis argumentos; pero si no haces lo que te digo, no tengo poder.» De esta forma la estudiante guerrera aprendió a derrotar al miedo.

Así es como funcionan las cosas en la realidad. 
Tenemos que sentir cierto respeto por el nerviosismo, 
tenemos que comprender que nuestras emociones tienen 
el poder de hacernos dar vueltas en círculos. Dicha 
comprensión nos ayuda a descubrir cómo aumentamos 
nuestro dolor y confusión, cómo nos dañamos a nosotros 
mismos. Por medio de nuestra bondad básica, de nuestra 
sabiduría básica, de nuestra inteligencia básica, podemos 
dejar de hacernos daño a nosotros mismos y a los demás.

Del libro:
Cuando Todo Se Derrumba
Pema Chödron

¿LUCHAR O VIVIR?


NO ESTA FUERA DE TI, ESTA EN TI


ALGUNOS QUE NO TIENEN PERRO


viernes, 2 de agosto de 2013

LA GENTE ZEN NUNCA HABLA DE DIOS



La gente Zen nunca habla de Dios, porque, dicen ellos, "si hablamos de Dios tendremos que decir tú". Buda nunca habló de Dios, y dijo: "No recéis, porque vuestra oración mantendría la división, la dualidad, la visión dual: yo y tú".

Osho
Tomado del blog:
Osho-Despierta

¡NINGUNA ORACIÓN!


¡Ninguna oración!

Y sólo cuando tú mueres entras en lo Divino. Pero entonces lo Divino ya no es un Dios ajeno, ya no hay otro al que te puedas dirigir, de aquí que en el Budismo no exista ninguna oración.

De forma que los cristianos no pueden entender qué tipo de religión es el Budismo.

¡Ninguna oración!

"¿Cómo puedes rezar?", dijo Buda. "Porque la oración sólo es posible en la división: Yo rezando, Tú escuchando. ¿Cómo puedes rezar?". 

Osho

ATENCIÓN Y REFRENAMIENTO


Una vez me dieron una práctica de meditación muy interesante que combinaba la atención y el refrenamiento (de contenerse).

.....Se nos dijo que debíamos notar cuáles eran nuestros movimientos físicos cuando nos sintiéramos incómodos.

Yo empecé a notar que cuando estaba incómoda hacía ciertas cosas, como estirarme la oreja, rascarme la cabeza o la nariz aunque no me picaran, y enderezar el cuello.

Hacía todo tipo de pequeños movimientos saltarines y nerviosos cuando empezaba a sentirme insegura. Nuestras instrucciones eran que debíamos tratar de no cambiar nada y de no criticarnos por lo que estuviéramos haciendo; simplemente debíamos ver que lo hacíamos.

Una de las formas de entrar en contacto con la ausencia de suelo bajo los pies es percibir cómo tratamos de evitarlo. Refrenarse —no actuar siguiendo un hábito cuando notamos un impulso— tiene que ver con renunciar a la mentalidad del entretenimiento. Al refrenarnos, vemos que hay algo entre el surgimiento del anhelo —o la agresión, o la soledad, o lo que sea— y cualquier acción resultante. Hay algo en nosotros que no queremos experimentar y, de hecho, no lo experimentamos porque actuamos muy rápidamente.

Debajo de nuestras vidas ordinarias, debajo de todo lo que hablamos, de todo lo que nos movemos, de todos los pensamientos de nuestra mente, hay una fundamental falta de suelo bajo los pies. Esta ausencia está allí, borboteando constantemente; la experimentamos como inquietud y nerviosismo, y también como miedo. Es lo que motiva la pasión sexual, la agresión, la ignorancia, los celos y el orgullo, pero nunca descendemos hasta su esencia. 

Refrenarse (contenerse) es el método que permite llegar a conocer la naturaleza de la inquietud y del miedo, es un método para asentarse en esa falta de suelo bajo los pies. Si nos entretenemos inmediatamente con charlas, actos, pensamientos —si no hacemos ninguna pausa— nunca podremos relajarnos. Pasaremos toda la vida acelerados, siempre seremos lo que mi abuelo llamaba un buen caso de espasmo nervioso. Refrenarse es la forma de hacerse amigo de uno mismo al nivel más profundo posible. 

Podemos empezar a relacionarnos con lo que está debajo de las burbujas, de los pedos y eructos, de todo el material que se expresa como rigidez, control, comportamiento manipulativo o lo que sea. Por debajo de todo eso hay algo suave, muy tierno, que experimentamos como miedo o nerviosismo. 

Del libro:
Cuando Todo Se Derrumba
Pema Chödron
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