martes, 28 de mayo de 2013

ALGO SOBRE DECISIONES


A 30,000 VATIOS


LA AUTORREALIZACIÓN


Este principio se refiere a la capacidad de reconocer los talentos naturales que poseemos. Aquellas habilidades singulares que surgen espontáneamente de nosotros, sin tanto alarde ni especializaciones. Simplemente estuvieron ahí todo el tiempo y todavía persisten. Vivimos con nuestras facultades a cuestas, y ni siquiera nos damos cuenta.


La pregunta clave es: ¿Cómo saber si estamos desarrollando esos talentos? Si las respuestas a las siguientes tres preguntas son positivas, estás bien encaminado; de no ser así, tienes algo que revisar:

     a. ¿Pagarías por hacer lo que estás haciendo?
    b. Aquellas cosas que haces bien y disfrutas al hacerlas, ¿han surgido de ti más naturalmente que por aprendizaje?
     c. Cuando estás ejecutando lo que te apasiona, ¿la gente se acerca a ti en vez de alejarse?

Ése es el talento natural: una capacidad guiada por la pasión, que estalla desde adentro y reúne a los demás cuando aparece. Todos la poseemos, todos podemos alcanzarla, todos estamos diseñados para desarrollar nuestra capacidad creativa, si nos dejan y tenemos el coraje para hacerlo.

Una persona que ha encontrado su vocación y siente pasión por lo que hace, se vuelve inmune a la adicción afectiva porque su energía vital se abre a otras experiencias. Y esto no significa incompatibilidad, sino amor a cuatro manos. Desarrollar los talentos naturales es abrirse a otros placeres, sin desatender el vínculo afectivo. No se abandona a la pareja, sino que se la integra, se la ama a plenitud.

Si la vocación se lleva a feliz término, la mente se tranquiliza y las inseguridades desaparecen. Las personas autorrealizadas no son posesivas: son independientes y fomentan la honestidad interpersonal. No necesitan tanto el apego, porque la pérdida y la terrible soledad ya no las asustan.

Del libro:
AMAR O DEPENDER
Walter Riso

lunes, 27 de mayo de 2013

T.V., T.V., T.V.


EL SECRETO DE LA VIDA


LA BELLEZA DE NUESTRO PROPIO PATIO TRASERO

En todo el mundo la gente está tan ocupada corriendo de aquí para allá que olvidan disfrutar de la belleza que les rodea. Estamos tan acostumbrados a huir ciegamente hacia adelante que nos robamos los momentos de alegría.

Una vez soñé que estaba preparando una estancia para Khandro Rinpoche y que me apresuraba a limpiar y cocinar. De repente llegó el coche y allí estaba ella con sus asistentes. Cuando corrí a saludarles, Rinpoche sonrió y me preguntó: «¿Has visto salir el sol esta mañana?» Yo le respondí: «No, Rinpoche, no lo he visto. Estaba demasiado ocupada para ver el sol.» Ella se rió y me dijo: «¡Demasiado ocupada para vivir la vida!»

A veces parece que preferimos la oscuridad y la prisa. Podemos protestar, quejarnos y estar enfadados durante mil años, pero aun en medio de la amargura y el resentimiento podemos vislumbrar la posibilidad de maitri (el amor a uno mismo). Oímos llorar a un niño u olemos el pan que alguien está haciendo; sentimos la frescura del aire o vemos el primer azafrán de primavera, y a pesar nuestro nos sentimos transportados por la belleza de nuestro propio patio trasero.

Del libro:
Cuando Todo Se Derrumba
Pema Chödron

EL PRINCIPIO DEL SENTIDO DE VIDA


Cada vez que toco este tema de la espiritualidad, algunos de mis colegas ultra científicos se miran de reojo con desconfianza, levantan la ceja y se ajustan el cuello de la camisa. Este asunto del sentido de la vida produce escozor a más de un académico. No lo pueden aceptar fácilmente, porque se aleja de los patrones tradicionales de investigación. Tampoco lo pueden rechazar del todo, porque los que logran tener ese sentido especial de trascendencia muestran una serie de ventajas para la supervivencia que otras personas no tienen: viven más tiempo, mejoran sustancialmente su calidad de vida, se enferman menos, afrontan las enfermedades terminales con más entereza, crean inmunidad a muchas enfermedades mentales, pierden el miedo a la muerte y, lo que es más importante, son supremamente resistentes a crear apegos de todo tipo.

Las personas que han encontrado el camino de su autorrealización o que poseen fortaleza espiritual, son duras de matar. Se mueven más fluidamente y no suelen quedarse estancadas en idioteces. No andan buscando algo a que aferrarse para sentirse protegidas. Han incorporado la seguridad a su disco duro. Amar a una persona así es maravillosos, pero asustador, porque puede dar la impresión de ser “demasiado” independiente. Una pareja sin temores asusta a los inseguros. “te amo, pero puedo prescindir de ti”, puede provocar infarto instantáneo a más de un enamorado. Los condicionamientos sociales han instituido una falsa premisa: amor sin miedo no es amor. Cuando un individuo ha encontrado su autorrealización vocacional o trascendental, ama con una paz especial. No es perfección, sino tranquilidad interior. Y aunque puede parecer sospechoso de desamor, no es así. Simplemente ha dejado que los apegos se caigan por su peso: hay deseo, pero no adicción.

Walter Riso divide el motivo de vida en dos dimensiones básicas: autorrealización y trascendencia, ambas serán analizadas en siguientes posts.

Del libro:
AMAR O DEPENDER
Walter Riso

domingo, 26 de mayo de 2013

4 LEYES DE LA ESPIRITUALIDAD (INDIA)

Primera Ley:

"La persona que llega a tu vida es la persona correcta".

Es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están ahí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

Segunda Ley:

"Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido". 

DEMONIOS PERSONALES Y SUS DISFRACES


Nuestros demonios personales tienen diversos disfraces. Los experimentamos como vergüenza, como celos, como abandono, como ira. Son cualquier cosa que nos haga sentirnos tan incómodos que tenemos que huir
constantemente.

Nos escapamos a lo grande: expresamos nuestras 
emociones reprimidas, gritamos, damos un portazo, 
pegamos a alguien o tiramos un tiesto para no tener que 
enfrentar lo que está ocurriendo en nuestro corazón. U 
ocultamos los sentimientos amortiguando de alguna 
manera el dolor. Podemos pasar toda la vida huyendo de 
los monstruos que viven en nuestra cabeza.

Del libro:
Cuando Todo Se Derrumba
Pema Chödron

INTENTAR VENCER EL MIEDO



Intentar vencer el miedo. Con seguridad, y aunque no puedas creerlo, eres mucho más valiente de lo que piensas. En situaciones límite es cuando más nos conocemos. Muchas personas que se han pasado la vida muertas del miedo, sacan a relucir una fortaleza asombrosa ante la adversidad. No estoy diciendo que tengas que ser una versión de Mel Gibson en Corazón valiente, sino que de tus limitaciones puedes sacar el lado audaz que has ocultado. No hablo de ganar y vencer, sino de intentarlo. Cuando de verdad lo intentamos, nuestro “yo” se fortalece. Ese día dormimos mejor. No habrá remordimientos ni autorreclamaciones. En paz: “Al menos lo intenté”.

Elige un miedo cualquiera que sea irracional y que no sea objetivamente dañino (es decir, una fobia) y enfréntalo. Puedes hacerlo por aproximaciones sucesivas, o de una sola vez, sin anestesia. Si son cucarachas, sal a buscarlas. No escapes al asco o a las sensaciones. Siente el temor a fondo. No lo evites, siéntelo. Métete en el miedo. Aplástalas. Salta sobre ellas. Puedes gritar, insultar y sacudir tu cuerpo al compás de la adrenalina. Pero no dejes que un mísero y asqueroso insecto proclame victoria. Si lo intentas una vez, la próxima será más fácil. Si la vida de un ser querido dependiera de tu miedo a las cucarachas, ya lo hubieras vencido. Lo mismo puedes intentar con otras aprensiones. A hablar en público, al rechazo, a las alturas, al agua, a la oscuridad, en fin, cualquiera que sea la fuente de tu miedo, no hay más opción. Hay que enfrentarlo.

Ponte a prueba. Haz exactamente lo que temes. No esperes que la situación llegue, provócala. Llama al miedo. Rétalo. A la hora de la verdad, no es más que química corriendo por tus venas. Es incómodo, pero no duele. Trata de estar atento a las oportunidades. Cuando algún evento te produzca temor, míralo como una ocasión para fortalecer tu coraje. Ésa es la clave.

El principio de autonomía te enseña a ser independiente. A ver por ti mismo sin convertirte en antisocial. Te muestra el camino de la emancipación psicológica y afectiva. Cuando una persona decide tomar las riendas de su vida, los apegos no prosperan tan fácilmente. Se caen, se apagan. Si ejerces el derecho a ser libre, serás capaz de enfrentar las situaciones difíciles (problemas afectivos incluidos), la soledad será una oportunidad para crecer (no estarás tan pendiente de que te amen), confiarás más en tus capacidades (no esperarás que la pareja te proteja), fortalecerás tu vulnerabilidad al daño y no temerás tanto el abandono. En conclusión, serás más valiente. En palabras de Tagore: “No deseo que me libres de todos los peligros, sino valentía para enfrentarme a ellos. No pido que se apague mi dolor, sino coraje para dominarlo. No busco aliados en el campo de batalla de la vida, sino fuerzas en mí mismo. No imploro con temor ansioso ser salvado, sino esperanza para ir logrando, paciente, mi propia libertad”.

Del libro:
AMAR O DEPENDER
Walter Riso
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...