sábado, 1 de abril de 2017

EL REY DE LOS DRAGONES SE CASA


Se puede amar en cualquier edad; e incluso en la hora melancólica en que el fuego se extingue en los ojos, la garra se embota, las alas están desplumadas y la cola de serpiente se ha vuelto blanca con los años. Así, el rey de los dragones se enamoró, a una edad avanzada y casi senescente, de una joven dragona de dieciséis años. 

***

Se casaron. La señora tenía en los ojos una llama nueva, garras de leona bien aceradas y en todo su cuerpo ocelado como un rocío de primavera. Una vez terminadas las celebraciones de la boda, todo el mundo regresó a su casa, incluso los peces, los súbditos más fieles del rey de los dragones. La joven recién casada se aburrió. Hasta el punto de que se puso enferma. Su anciano esposo, loco de inquietud, hizo llamar a su cabecera a los médicos más famosos. Su diagnóstico fue pesimista. La enfermedad iba a seguir su curso inexorable y la reina se moriría, a menos que se accediera a satisfacer un deseo secreto que la consumía. 

El rey de los dragones suplicó a su esposa: 

-Muy amada esposa, perla de mis ojos, canto de mi corazón, dime lo que deseas y, sea lo que sea, te juro solemnemente que te lo concederé. 

Tras mucho llorar y muchas negativas, la joven reina reveló su secreto: 

-Deseo ... -dijo entre dos sollozos- el hígado de un mono vivo. Siento que después de consumirlo recobraré la salud. 

-¡El hígado de un mono vivo! -exclamó su esposo-. 

Mi dulce amiga, ¡no puede ser! No tengo ninguna autoridad sobre el pueblo del bosque, y una guerra en este momento... 

-¡Ah, señor-se lamentó la joven recién casada-, no me amáis! ¡Os negáis a concederme el primer favor que os pido!.... 

Y la desdichada reina se desmayó, vencida por la aflicción. Era tan conmovedora, con su joven cuerpo escamoso tendido sobre la arena de la orilla, que el viejo rey cedió y decidió satisfacerla. A toda costa. 

Una guerra estaba excluida. Optó por la diplomacia. Hizo llamar a la medusa, noble dama de su corte: leal, adicta y sin demasiada malicia. En aquellos tiempos las medusas eran peces corrientes, con ojos, aletas, cola e incluso unas cortas patas que les permitían desplazarse en tierra firme. 

-Os envío en calidad de embajadora extraordinaria ante el pueblo del bosque -declaró el rey de los dragones. 

La medusa se inclinó, con la mirada llena de orgullo: 

-Estoy a vuestras órdenes, señor. 

-Debéis persuadir a un mono a que venga a nuestro país. No importan los medios. Habladle de frutos deliciosos: bananas, cocos ... Decidle que será tratado como un príncipe, que en nuestras regiones gozamos de un verano perpetuo ... , en fin, lo que se os ocurra. Cuando esté en nuestro poder, le quitaremos el hígado con el fin de salvar a la reina. 

-Soy vuestra servidora--dijo la medusa, que salió andando hacia atrás y encadenando las tres reverencias que, como todo el mundo sabe, son costumbre en la corte del rey de los dragones.

*** 

Al cabo de tres días de viaje, la medusa llegó al país de los monos. Interpeló al primero que vio balanceándose en las ramas de un cocotero: 

-Honorable simio --dijo-. Vengo del país del rey de los dragones, que reina sobre el mar y sus orillas. Mi señor os invita a su corte. Seréis recibido como un príncipe y se os ofrecerán frutos deliciosos: cocos, arecas y también nuez moscada, frutos de palmera, nueces frescas y nueces secadas en nuestras bodegas. En nuestro reino siempre hace buen tiempo, la gente es de trato amable y además no encontraréis allí ni rastro de la abominable raza de los hombres. 

Y se calló, sin aliento. 

Al mono le hacía gracia, contemplaba a la medusa desde lo alto de su rama. A decir verdad, dudaba ... esta señorita pez tenía aspecto honrado y bastante ingenuo, ¿por qué no intentar la aventura? 

Saltó al suelo: 

-Vamos -dijo-. Tengo curiosidad por visitar vuestro país y saludar a vuestro señor, el rey de los dragones. 

-Tendréis que subiros a mi espalda, tomaremos el camino del mar, que es más corto --explicó la medusa amablemente. 

***

Unas horas después de la partida el mono ya lamentaba haber tomado aquella decisión apresurada. El mar les rodeaba hasta el infinito ... La medusa nadaba en silencio. Una vaga angustia le oprimió. Intentó entablar un diálogo: 

-Decidme, querida amiga-dijo con una ligera risa-, ¿por qué me habéis escogido a mí? 

-Nuestra reina está enferma -dijo la medusa con simplicidad--, y para recuperar la salud necesita un hígado de mono vivo, de cualquiera. 

-Ya veo... -dijo el mono. 

Un miedo abominable le retorcía el estómago. A su alrededor el mar, nada de tierra en el horizonte ... Tenía que utilizar una estratagema para salvar la vida: 

-Ya veo -repitió, y añadió: -Es para mí un honor contribuir modestamente a la curación de vuestra reina. 

La medusa, que carecía de malicia, aprobó estas palabras: 

-El rey estará contento de nosotros -pensó. 

***

Pasó una hora en silencio. La medusa nadaba, el mono meditaba. De pronto exclamó: 

-¡Pero ... , ahora que lo pienso! Esta mañana, justo antes de vuestra llegada, he colgado mi hígado de una rama de castaño. Tenía intención de jugar con los cocos; y como el hígado es una cosa preciosa lo puse a cubierto. ¡Qué contratiempo! ¡Estoy absolutamente desolado! 

-¿Qué vamos a hacer? -preguntó la medusa-. Mi señor no me perdonará que me presente en la corte con un mono privado de su hígado. 

-Sería más razonable volver atrás -aconsejó el mono. La medusa estuvo de acuerdo. Rehicieron el camino en sentido inverso. Apenas llegaron, el antropoide saltó a la rama más alta de un castaño: 

-No veo mi hígado -gritó-, algún bromista me lo habrá robado; querida amiga, regresad junto a vuestro señor. Cuando volváis, sin duda ya lo habré recuperado. 

Y desapareció en el bosque, haciendo con la mano un saludo desenvuelto y vivaracho. 

***

Cuando la pobre medusa se presentó ante el rey de los dragones, éste montó en una cólera espantosa: 

Sois una estúpida! -aulló, y llamó a sus hombres para que la golpearan hasta dejarla hecha picadillo. Los sirvientes obedecieron tan bien que hoy la medusa ya no tiene en todo el cuerpo más que un solo hueso entero. Es esa cosa gelatinosa, provista de filamentos urticantes que infligen desagradables quemaduras. Expresa de este modo su aversión por la raza de los monos. 

Se dice incluso que guarda rencor a toda la especie de los mamíferos. 

En cuanto a la reina de los dragones, no obtuvo el hígado que reclamaba

Pronto dejó de pensar en ello y se curó muy bien sin él. 

Comentario: 

¿Por qué los viejos reyes se casan con reinas apenas núbiles? 

¿Por qué las jóvenes recién casadas tienen caprichos extravagantes? 

¿Por qué los monos se lanzan atolondradamente a locas aventuras? 

¿Porqué las medusas fieles e ingenuas son engañadas por los listos y castigadas por el señor al que han servido lo mejor que han podido? 

¿Por qué el mundo, a través de sus formas múltiples, es lo que es? · 

¿Por qué todo eso? 

***

¡La primera luciérnaga! Se ha ido, ha volado. 
El viento me ha quedado en la mano17

«Todo esto es un gran koan», dice el maestro del Zen. 

¿Qué es un koan? 

El koan es una de las vías del Zen. Se trata de un ejercicio mental que tiene por objeto hacemos abandonar nuestros modos habituales de pensar para familiarizarnos con otra aproximación a la realidad. En lugar de las comparaciones, del razonamiento y de la lógica, que nos permiten vincular entre sí a los fenómenos, la gratuidad, la incongruencia e incluso la absurdidad del koan nos desestabiliza, nos obliga a ir directamente al corazón de las cosas, y nos ofrece la ocasión de una nueva experiencia, la del «Despertar». 

Veamos algunos ejemplos célebres de koans: 

«¿Cuál era tu rostro antes del nacimiento de tus padres?» 

«Conoces el ruido que hacen dos manos, pero ¿cuál es el ruido de una sola mano?» 

«-¿ Cuál es el principio fundamental del budismo zen? 

-pregunta el discípulo. 

-El ciprés en el patio. 

-Maestro, ¿queréis decir con eso que el ciprés, un árbol de longevidad excepcional, de follaje persistente, de madera casi imputrescible, simboliza el budismo zen? 

-No, el ciprés no es un símbolo. 

-Entonces, maestro, decidnos, ¿cuál es el principio último del budismo zen? 

-El ciprés en el patio.» 

Diálogo a primera vista absurdo. El ciprés no es una metáfora, un símbolo, una alegoría, no tiene ningún vínculo racional con el budismo zen y no lo ilumina en nada. Entonces ¿por qué el maestro da esta respuesta? A fin de arrojar al alumno fuera de su funcionamiento mental ordinario. Es necesario desenclavarlo, que deje de fiarse de la lógica, de la razón, y que acoja sin apriorismos, sin juzgar, y casi sin pensamiento, al ciprés: tal como es. Así un día le llegará la iluminación, el relámpago del Satori, la intuición de lo que existe bajo el juego de las apariencias: el eterno Atma. 

Así, el viejo rey de los dragones y su joven esposa de dieciséis años, así, la medusa ingenua y el mono imprudente, pero también la luciérnaga, y el frescor del viento en la palma abierta ... todo se puede considerar no en su aspecto anecdótico, sino esencial. La trama sobre la que se cruzan los hilos de las existencias. El suelo sobre el que danza el dios Shiva. Todo se puede considerar como un gran koan, que nos invita a discernir, más allá de la película, la pantalla, en el menor gusanillo la naturaleza de Buddha, y para mí, que soy cristiano y zen a la vez, en toda cosa la presencia de Dios. 


17 El epígrafe: «Ocurre algo», de Philippe Jaccottet, está extraído de su obra Haiku (ed. y trad. Philippe Jaccot- tet), © Éditions Fata Morgana, 1996.



Extraído de:
La Grulla Cenicienta
Los más bellos cuentos zen
Henry Brunel
Fotografía del internet

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