jueves, 10 de noviembre de 2016

UNA CARTA DECISIVA


Si has estado practicando el hablar con afecto y el escuchar profundamente, podrás resolver cualquier conflicto que tengas con otra persona hablándole directamente. Pero si no estás seguro de poseer la suficiente paz, firmeza y compasión para conservar el frescor, el afecto y la serenidad mientras conversas con ella, quizá prefieras hacer la práctica de escribir una carta. Esta práctica es muy importante, porque aunque tengas las mejores intenciones, si tu práctica no es lo bastante sólida, te irritarás cuando hables con esa persona y reaccionarás con poco tacto, lo cual puede arruinar tu oportunidad de hacer las paces. Por eso a veces es más seguro y fácil escribir una carta.

En la carta sé totalmente sincero y dile que hay algunas cosas que ha hecho que te han causado sufrimiento y te han herido. Escribe todo lo que sientas. Mientras lo haces, practica el mantenerte sereno, para usar el lenguaje de la paz y del amor compasivo. Intenta entablar un diálogo. Puedes escribir cosas como: «Mi querido amigo, quizá sea víctima de percepciones erróneas y lo que te he escrito no refleje la verdad, sin embargo, así es cómo veo la situación y la siento en mi corazón. Si no estás de acuerdo con lo que te he escrito, sentémonos para observarlo juntos y aclarar el malentendido».

En nuestra tradición, cuando los monjes y las monjas orientan a alguien que se lo ha pedido, siempre se expresan con este tipo de lenguaje. Utilizan la visión de la comunidad, lo cual no significa que sea perfecta, pero es la mejor que pueden ofrecernos. Los hermanos y hermanas reconocen con su respuesta que: «Al orientarte, sabemos que puede haber algunas cosas que no hayamos comprendido. Tal vez haya en ti elementos positivos que no hayamos visto, o alguna percepción errónea por parte de la comunidad». Cuando escribas una carta a otra persona, haz lo mismo: «Si me equivoco, te ruego que me corrijas». Exprésate con afecto cuando escribas. Si una frase no es adecuada, siempre puedes volver a empezar y escribir otra más afectuosa. En la carta podemos demostrar que somos capaces de ver el sufrimiento de la otra persona: «Querido amigo, sé que has sufrido y que no eres totalmente responsable de tu sufrimiento». Como has estado practicando el observar profundamente, has descubierto una serie de distintas raíces y causas que producen el sufrimiento de la otra persona. Cuéntale lo que has descubierto de él. Dile que tú también sufres y muéstrale que comprendes por qué ha actuado o hablado de ese modo.

Tómate una, dos o incluso tres semanas para terminar la carta, porque es una carta muy importante, más importante que escribir el cuarto volumen de la historia del budismo en Vietnam, o un libro sobre Thich Nhat Hanh y Thomas Merton. Esta carta es decisiva para tu felicidad. El tiempo que dedicas a escribirla es incluso más importante que los años que has tardado en escribir tu tesis doctoral. La tesis no es tan decisiva como esta carta. Escribir este tipo de cartas es lo mejor que puedes hacer para dar un paso decisivo y restablecer la comunicación.

Y además no estás solo. Tienes hermanos y hermanas que pueden iluminarte y ayudarte a escribir la carta. La gente que necesitas está aquí mismo, en tu comunidad. Cuando nosotros escribimos un libro, damos el manuscrito a varios amigos, a especialistas, para pedirles consejo. Tus compañeros que practican son especialistas, porque hacen la práctica de escuchar y observar profundamente, y de hablar con afecto.

Tú eres el mejor doctor, el mejor terapeuta para tu ser amado. Enseña la carta a una hermana y pídele que te diga si te has expresado con suficiente afecto y serenidad, y si tu percepción es lo bastante profunda. Después de habérsela mostrado, enséñasela a otro hermano o hermana, hasta que sientas que la carta producirá una transformación en la otra persona y la sanará.

¿Cuánto tiempo, energía y amor invertirás en una carta como esta? ¿Y quién podría negarse a ayudarte en este importante intento? Es decisivo que restablezcas la comunicación con esa persona a la que tanto aprecias. Tal vez sea tu padre, tu madre, tu hija o tu pareja. Él o ella pueden estar sentados a tu lado.


Extracto del libro:
LA IRA (El dominio del fuego interior)
Thich Nhat Hanh
Fotografía de Internet

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