jueves, 29 de septiembre de 2016

EN LA QUIETUD DE SU PRESENCIA SURGE LA BELLEZA


Lo que usted acaba de describir es algo que experimento ocasionalmente durante breves momentos cuando estoy solo y rodeado por la naturaleza.

Eckhart Tolle:
Sí. Los maestros del Zen utilizan la palabra satori para describir un relámpago de comprensión, un momento de no-­mente y de presencia total. Aunque el satori no es una transformación duradera, siéntase agradecido cuando llegue, porque le da a probar la iluminación. De hecho usted puede haberlo experimentado muchas veces sin saber qué es y sin darse cuenta de su importancia. Se necesita presencia para ser consciente de la belleza, la majestad, la sacralidad de la naturaleza. ¿Alguna vez ha contemplado la infinitud del espacio en una noche clara, sobrecogido por su absoluta quietud y su vastedad inconcebible? ¿Alguna vez ha escuchado, escuchado verdaderamente, el sonido de una quebrada en el bosque? ¿O el canto de un mirlo en un tranquilo atardecer de verano? Para ser consciente de tales cosas, la mente debe estar quieta. Usted tiene que dejar por un momento su equipaje personal de problemas, de pasado y de futuro, así como todo su conocimiento; de lo contrario, usted verá sin ver, oirá sin oír. Se requiere su total presencia. 

Más allá de la belleza de las formas externas, hay algo más ahí: algo innombrable, algo inefable, una esencia profunda, interior, santa. Siempre y dondequiera que haya belleza, esta esencia interior resplandece de alguna manera. Sólo se le revela cuando usted está presente ¿Podría ser que esa esencia innombrable y su presencia fueran una y la misma cosa? ¿Podría estar allá sin su presencia? Profundice en ello. Descúbralo por su cuenta.

Cuando usted experimentó esos momentos de presencia, usted probablemente no se dio cuenta de que estuvo brevemente en un estado de no­-mente. Eso se debe a que la brecha entre ese estado y el flujo interno de pensamiento fue demasiado breve. Su satori puede haber durado sólo unos segundos antes de que la mente apareciera, pero estuvo ahí; si no, usted no habría experimentado la belleza. La mente no puede reconocer ni crear belleza. Sólo durante unos segundos, mientras usted estaba completamente presente, estuvo allá esa belleza o sacralidad. Debido a la brevedad de esa brecha y a la falta de vigilancia y atención de su parte, usted fue probablemente incapaz de notar la diferencia fundamental entre la percepción, la conciencia de belleza sin pensamiento y su interpretación como un pensamiento: la brecha en el tiempo fue tan corta que pareció que era un solo proceso. Sin embargo la verdad es que en el momento en que llegó el pensamiento, todo lo que usted tenía era un recuerdo de ello. 

Cuanto más amplia sea la brecha entre la percepción y el pensamiento, más profundidad tiene usted como ser humano, es decir más consciente es. 

Muchas personas son tan prisioneras de sus mentes que la belleza de la naturaleza no existe realmente para ellas. Puede que digan "qué flor tan bonita", pero eso es solamente una etiqueta mental mecánica. Porque no están quietos, presentes, no ven realmente la flor, no sienten su esencia, su santidad, lo mismo que no se conocen a sí mismos, no sienten su propia esencia, su santidad.

Como vivimos en una cultura tan dominada por la mente, la mayor parte del arte moderno, la arquitectura, la música y la literatura están privadas de belleza, de esencia interior, con muy pocas excepciones. La razón es que las personas que crean este arte no pueden -ni siquiera por un momento- liberase de sus mentes. Así que nunca están en contacto con ese lugar donde la verdadera creatividad y belleza surgen. La mente abandonada a sí misma crea monstruosidades, y no sólo en las galerías de arte. Miren nuestros paisajes urbanos y nuestros desiertos industriales. Ninguna civilización ha producido tanta fealdad.

Del libro:
El Poder del Ahora
Eckhart Tolle
Imagen tomada del internet

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