viernes, 27 de febrero de 2015

IDEALIZACIÓN Y DEFENSA DEL EGO


En ocasiones, las mentes enamoradas necesitan sobredimensionar el objeto de 
su amor para obtener una ganancia adicional y engordar el ego: «Si mi pareja es genial 
y es feliz de estar conmigo, algo especial debo de tener». Idealizas al otro, para sentirte 
mejor contigo mismo. La premisa es claramente narcisista: Dios nos cría y nosotros nos 
juntamos. He conocido personas que en el momento de presentar a su pareja, sacan a 
relucir el currículum vítae de ella como si fueran una mercancía con la que comerciar.

Pavonearse de la persona amada es convertirla en un objeto del deseo, un logro «personal
» o un triunfo. Algunos las cuelgan como medallas, junto a otras cosas de valor.

No sostengo que seamos insensibles a los atributos de la persona que amamos, 
pero una cosa es la admiración y otra la idolatría con afán de lucro. Hacer depender la 
propia autoestima de la valoración de nuestra pareja es un arma de doble filo. No podrás 
hacerte cargo de tu propio crecimiento personal (vivirás enganchado a un ego 
ajeno) y, tarde o temprano, terminarás exagerando algunas de sus virtudes para que 
reviertan en tu propia aceptación. Repito: si lo que deseas es ensalzar la valía personal 
de tu pareja para magnificar la tuya, vivirás tratando de mantener la «buena imagen» 
del otro y acabarás perdiendo tu punto de referencia interior.

Cuatro maneras de idealizar al ser amado y distorsionar la realidad a favor del «amor»

No sólo idealizamos el amor sino a nuestra pareja, objeto y sujeto de nuestros 
deseos amorosos. Mucha gente pretende sacar al ser amado de la realidad y darle un 
carácter astral: omnipresente (ya que ocupa todo nuestro ser), omnipotente (ya que 
todo lo puede) y omnisapiente (ya que es fuente de profunda sabiduría). La pregunta 
cae por su propio peso: ¿para qué quieres una pareja con superpoderes? ¿No eres 
muy mayor para jugar a los superhéroes? Yo sé que el amor sesga a su favor, pero si 
crees que estás con un ser casi sobrenatural, su lado humano te resultará insoportable.

Éste es el problema principal de la idealización amorosa: tropezar con los hechos y 
descubrir que tu pareja suda, huele, se deprime, se frustra, es egoísta a veces, se 
ofusca, llora, y cosas por el estilo. Un paciente me decía, entre asombrado y desilusionado:

«No puedo creer que la hayan echado del trabajo. Iba rumbo a ser gerente de la 
empresa... Pero lo que más me sorprendió fue su reacción. ¡La vi tan débil e insegura...! 
No sé qué pensar, me siento un poco decepcionado...». ¿Y qué esperaba mi 
paciente? ¿Que después de perder el trabajo la mujer saltara de alegría? Desilusionarse 
porque el otro tiene una reacción normal y comprensible raya en la crueldad.

Independientemente de los motivos por los que tendemos a idealizar a la persona 
amada (por ejemplo, amor romántico, miedo, agrandar el ego, necesidad de aprobación 
social...), hay cierta manera idiosincrásica de sesgar la información. Con fines 
didácticos, señalaré las cuatro formas más comunes de idealización, teniendo en 
cuenta que, en la práctica, todas suelen funcionar juntas y entremezcladas.

  • CEGUERA AMOROSA O IGNORAR LO MALO
  • CENTRARSE EN LO BUENO Y EXAGERARLO
  • MINIMIZAR LOS PROBLEMAS O «NO ES TAN GRAVE»
  • PRETENDER SER AMIGO DE QUIEN TE HIERE

NOTA: Los postearemos en días siguientes.

Extracto del libro: 
Manual Para No Morir de Amor 
Walter Riso
Fotografía de internet

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