jueves, 15 de enero de 2015

SE PENSABA QUE LOS HOMBRES ERAN MÁS SEXUADOS QUE LAS MUJERES


.....Pero, más allá de esto, como ya no se puede sostener la idea de que los hombres tienen necesidades fisiológicas y las mujeres no, aparecen nuevos mitos para reemplazar aquel.

Que el hombre tiene mas necesidad que la mujer.

Que potencialmente el hombre es más apto para disfrutar que la mujer.

Que es el hombre el que aporta el deseo porque ella no lo siente.

El mito sostiene que las mujeres, por constitución, por esencia o porque son mas espirituales y porque son madres no les interesa tanto el sexo. Que los hombres son por ende mas “sexuados” que la mujeres.

Por supuesto, estos mitos siempre encuentran estadísticas, mas o menos ajustadas al deseo del encuestador, que los avalen.

En 1925, un informe médico alemán aseguraba que el 70% de las mujeres eran frígidas. En el mismo informe, solamente el 5% de los hombres admitía padecer alguna disfunción sexual.

El resultado confirmaba que el lugar de la mujer en la sexualidad era estar a disposición del deseo del hombre.

En 1945 (el primer informe Hite) con la influencia de la corriente psicoanalítica, las disfunciones masculinas empiezan a quedar al descubierto y las mujeres empiezan a animarse mas a disfrutar sin cargar con la acusación de ser prostitutas por ello.

Sobre mitad de siglo, las mujeres frígidas eran el 45% y el equivalente, en el hombre cercano al 10%.

La superioridad sexual del hombre (10 contra 45) estaba a salvo.

Aunque parezca increíble, hasta 1960 ni la medicina ni la psicología habían hablado nunca de orgasmo femenino. Y no se hablaba porque la fantasía era que no existía. El planteo subliminal era: ¿Para que nos vamos a ocupar tanto del placer del la mujer si la mitad de las mujeres no siente nada?.

En 1960, Master & Johnson, por primera vez, hablan, estudian y escriben sobre el orgasmo femenino. Con el cambio de lugar de la mujer en el mundo y la tendencia a equiparar derechos, civiles, laborales y sexuales, las mujeres no sólo se animaron a sentir lo que eran capaces de sentir, sino además (y estos son los cambios que se advierten en los informes) a decir lo que sentían.

Y la diferencia en los porcentajes comienza a achicarse.

En los `70 se demuestra que muchas de las mujeres caratuladas como frígidas en las estadísticas anteriores no son frígidas sino anorgásmicas, que no es lo mismo. Estas mujeres si se excitan aunque no lleguen al orgasmo, y por ello en las nuevas estadísticas la cantidad de mujeres frígidas (incapaces de exitarse) baja rápidamente. Ya no son 45 de cada 100, sino solo 10 o 12, el resto son anorgásmicas pero no frígidas.

Para agravar la hegemonía masculina aparece un dato adicional, un descubrimiento revolucionario. Se descubre que la eyaculación es una cosa y el orgasmo es otra.

Si bien el 30% de las mujeres es anorgásmica en los informes sexuales de los `70 el 30% de los hombres también lo es.

Y esto es una revolución. La idea de que cada eyaculación conlleva siempre un orgasmo se derrumba para siempre.

Esta es una grave herida para el narcisismo del hombre. Nosotros, que estábamos convencidos de no tener problemas con el orgasmo porque teníamos eyaculación, descubrimos que no era así. Por primera vez nos enteramos de que un orgasmo es mucho mas que una eyaculación. Nos enteramos de que un hombre puede tener una eyaculación, dos, tres, cinco, veintiocho, treinta, ciento cuarenta... Pero que un orgasmo es otra cosa. Empezamos a ver que la respuesta orgásmica masculina es mas o menos parecida a la respuesta orgásmica femenina. Que no hay muchas diferencias desde el punto de vista de lo que sucede en el individuo como un todo.

Y si bien es cierto que la mayor parte de las veces el orgasmo coincide con la eyaculación, eso no quiere decir que cada vez que hay una eyaculación haya un orgasmo.

Sin embargo, todavía los porcentajes podían sostener el mito de la superioridad sexual masculina: 

Como el 30% de anorgásmicos incluía el 10% de impotentes, y las mujeres sumaban un 45% de anorgásmicas, se seguía diciendo que éstas eran mas incapaces de disfrutar que los hombres.

Cuando esto se publicó comenzó a suceder lo increíble. El cambio de planteo que la mujer tenía de su sexualidad, a partir del conocimiento de estos datos, le dio el permiso de animarse a disfrutar, y el 45% de las mujeres anorgásmicas empezó a bajar hasta un 16% , porcentajes similares a los que encontramos entre los hombres (por lo menos en aquellos que están dispuestos a admitir la diferencia entre un orgasmo y una eyaculación).

Sabemos desde entonces que hay tantos anorgásmicos como anorgásmicas y, lo que es mas halagador, hay tantas mujeres capaces de disfrutar de un encuentro sexual como los hombres con esa capacidad.

Extracto del libro:
El Camino del Encuentro
Jorge Bucay
Fotografía 
  
 tomada de internet

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