sábado, 27 de diciembre de 2014

LOGRAR UNA VICTORIA


Mientras cueces las patatas has de tapar la olla para evitar que el calor se disipe.

La concentración también es esto. De ahí que mientras hagas la práctica de caminar o respirar de manera consciente para cuidar de tu ira, no debes hacer nada más. No escuches la radio, no mires la televisión ni leas un libro, tapa la olla y haz únicamente una cosa: haz la práctica de meditar andando y de respirar profunda y conscientemente, y pon el cien por cien de ti en abrazar la ira que sientes, exactamente igual que si cuidaras de un bebé.

Después de haber abrazado la ira y haberla observado profundamente durante un rato, empezarás a descubrir cosas y tu ira disminuirá. Te sentirás mucho mejor y desearás volver para ayudar a la otra persona. Cuando abras la olla, las patatas despedirán un delicioso aroma. Habrás transformado la ira que sentías en la energía del amor compasivo.

Y esto es posible, es como los tulipanes. Cuando la energía del sol es lo bastante fuerte, el tulipán tiene que abrirse y mostrar su corazón al sol. Tu ira es una especie de flor. Has de abrazarla con el sol de la plena conciencia. Deja que la energía de la plena conciencia penetre la energía de la ira y, al cabo de cinco o diez minutos, tu ira se habrá transformado.

Cada formación mental -la ira, la envidia, la desesperanza, etcétera- es sensible a la plena conciencia del mismo modo que la vegetación es sensible al sol. Al cultivar la energía de ser consciente, puedes curar tu cuerpo y tu conciencia, porque la plena conciencia es la energía del Buda. En el cristianismo se dice que Jesús tiene en él la energía de Dios, del Espíritu Santo, por eso puede curar a tanta gente. Su energía curativa se llama Espíritu Santo. En el lenguaje budista, esta energía es la energía del Buda, la energía de ser consciente.

La plena conciencia contiene la energía de la concentración, la comprensión y la compasión. La práctica de la meditación budista es, pues, la práctica de generar la energía que nos ofrecerá concentración, compasión, comprensión, amor y felicidad. Todo el mundo que está en un centro de práctica hace precisamente esto: juntos creamos una zona de energía colectiva y poderosa que nos abraza y protege a los que vivimos en el centro y a la gente que viene para estar con nosotros.

Después de hacer una sesión de práctica, ya notamos que podemos cuidar de la ira que sentimos. Hemos logrado una victoria para nosotros mismos y para nuestros seres amados.

Cuando perdemos, nuestros seres amados también pierden. 
Pero cuando logramos una victoria, los demás también la han logrado. Por eso, aunque la otra persona no conozca la práctica, podemos practicar por los dos. No esperes a que tu pareja practique para empezar a hacerlo. Puedes hacerlo por ambos.

Extracto del libro:
LA IRA (El dominio del fuego interior)
Thich Nhat Hanh
Fotografía de Internet

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