martes, 24 de septiembre de 2013

LA TOXICIDAD DE LAS TELEVISIONES


Alejandro Jodorowsky: Una noche soñé que de las pantallas de todos los televisores surgía un río de veneno. Al despertarme apagué la televisión y, aunque ya han pasado dos años, no he vuelto a prenderla. Espero que no me pase lo que le pasó al héroe de esta historia:

Un hombre sabio, versado en Astrología, vio el futuro y descubrió, azorado, que un grupo de enfermos mentales iba a apoderarse de la Televisión, para programar emisiones y comerciales tan abyectos que atacarían el espíritu de los espectadores, contagiándoles la locura. Comenzó a llamar a sus amistades para prevenirlas: “¡Si no quieren atrapar graves deformaciones mentales, dejen de ver televisión!” ¡Nadie le creyó! ¡No pudieron privarse de encender las peligrosas máquinas! El sabio salió a la calle intentando convencer a los ciudadanos: recibió burlas, insultos y empujones. Trató de escribir denuncias en los periódicos: intereses creados impidieron la aparición de sus advertencias. Internet, en forma solapada, hipócrita, borró sus mensajes. Cansado, se encerró en su casa y esperó el fatídico día. Efectivamente, un grupo de locos, disfrazados de eficientes ejecutivos, apoyados por comerciantes rufianes, se apoderaron de los canales para programar espectáculos de tan mal gusto e imbecilidad, cuajados de malignos comerciales explotando los complejos de la gente, que toda la población cayó en estado de locura. A la bella realidad se substituyó una mercantilista, llena de egoísmo, competencias, violencia, fealdad. Cuando el sabio salió de su casa, encontró la enfermedad general. Las personas, con la mirada extraviada, muertas del alma, se peleaban por consumir alimentos nocivos y comprar cosas inútiles, guiadas por una moral de pacotilla. El sabio trató de hablar con ellos, razonar. ¡Lo trataron de loco y comenzaron a agredirlo! ¡Fue excomulgado so pretexto de que padecía una enfermedad contagiosa! Muerto de hambre, porque no le vendían comida, desesperado, encendió su televisor. ¡Al cabo de unas horas de ver sandeces, ya estaba loco! Acomplejado, amargado, violento, salió a la calle. ¡Todos lo felicitaron por su mejoría, aplaudieron su cordura y lo aceptaron en el rebaño de voraces consumidores!

¡Tengamos cuidado de las realidades artificiales que grupos sin escrúpulos intentan hacer pasar por normas definitivas: defendamos nuestra esencia original porque en ello nos va la vida!

Alejandro Jodorowsky
El Placer de Pensar 30

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