sábado, 8 de julio de 2017

ASPIRACIONES Y LA REALIDAD DEL MOMENTO


Instrucciones orales secretas 

En ese momento ambiguo y extraño está presente nuestra mente sabia. Allí mismo, en la incertidumbre de nuestro caos cotidiano, está nuestra mente sabia. 

A veces, a última hora de la noche o durante un largo paseo con un amigo, nos encontramos comentando nuestras ideas respecto a cómo vivir y actuar y que es importante en la vida. Si estudiamos budismo y practicamos meditación, puede que hablemos del no-yo y del vacío, de la paciencia y la generosidad, del amor y de la compasión. Puede que hayamos leído u oído alguna enseñanza que haya puesto del revés nuestra forma habitual de ver las cosas. O quizá sentimos que hemos vuelto a conectar con una verdad que siempre hemos sabido y que, si pudiéramos saber de ella aún un poco más, haría deliciosa nuestra vida. Contamos a nuestros amigos nuestro anhelo de soltar la enorme carga que siempre hemos llevado. De repente estamos muy animados y sentimos que es posible. Hablamos a nuestros amigos de la inspiración que sentimos y de cómo abre nuestras vidas. 

«Es posible», decimos, «disfrutar de las mismas cosas que suelen deprimirnos. Podemos disfrutar de nuestro trabajo, de viajar en metro, de apartar la nieve del camino, de pagar las facturas y hasta de fregar la vajilla.» 

Pero puede que te hayas dado cuenta de que a menudo hay una discrepancia irritante, si no deprimente, entre nuestras ideas y buenas intenciones y nuestra forma de actuar cuando nos enfrentamos a los detalles precisos y concretos de las situaciones de la vida real.
 

Una tarde iba en autobús por San Francisco leyendo un artículo muy impactante sobre el sufrimiento humano y la ayuda a los demás. La idea de ser generosa y dar mi ayuda a los necesitados me conmovió tanto que me puse a llorar. La gente se quedaba mirando las lágrimas que corrían por mis mejillas. Sentí una gran ternura hacia todo el mundo y surgió en mí el compromiso de beneficiar a los demás. En cuanto llegué a casa —me sentía muy cansada tras el trabajo del día— sonó el teléfono y era una persona pidiéndome si por favor le podía ayudar asumiendo su función de directora de la meditación aquella misma noche. Yo le dije: «No, lo siento, necesito descansar», y colgué. 

La cuestión no radica en si una elección es correcta o incorrecta; se trata simplemente de que a menudo se nos presenta el dilema de integrar la inspiración de las enseñanzas con lo que significan para nosotros en el momento concreto. Existe una tensión compleja entre nuestras aspiraciones y la realidad de sentirnos cansados, hambrientos, estresados, temerosos, aburridos, enfadados o cualquier otra cosa que experimentemos en un momento dado. 


Extracto del libro:
Cuando Todo Se Derrumba
Pema Chödron
Fotografía de Internet

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