miércoles, 28 de junio de 2017

¿PARA QUÉ PROFUNDIZAR?


«¿PARA QUÉ PROFUNDIZAR?» 
DE UN PENSAMIENTO SIMPLISTA A UN PENSAMIENTO COMPLEJO

«No hay mayor pecado que el de la estupidez.»
OSCAR WILDE

Hace poco tuve la posibilidad de conversar con un experto en neurociencia, que en sus treinta años de práctica profesional ha realizado infinidad de investigaciones y estudios sobre el funcionamiento profundo del cerebro y su estructura interna. La charla no fue muy fluida que digamos, porque en todos los temas que tocamos el hombre terminaba reduciéndolo todo al funcionamiento de las neuronas. Desde su punto de vista, el arte, la guerra o el amor no son otra cosa que el resultado de conexiones bioquímicas. El siguiente diálogo reproduce la parte final de nuestra conversación, cuando yo le pregunté sobre la ética y la influencia de la cultura:

—¿No cree que la cultura es la principal responsable de la ética o la moral?

—No habría cultura sin cerebro.

—Bueno, pero hay animales que tienen cerebro y no poseen una sociedad en el sentido amplio del término.

—El cerebro está más desarrollado en el ser humano.

—Pero estará de acuerdo conmigo en que «cerebro» y «cultura» interaccionan permanentemente, ¿o no?

—No puede haber nada sin cerebro.

—Sí, claro, y tampoco sin átomos ni moléculas, pero no creo que sea correcto explicar la maravilla de la Capilla Sixtina, sólo por poner un ejemplo, como un resultado de los postulados de la física cuántica... El arte requiere de un nivel  de análisis distinto. El cerebro está allí; es una condición necesaria pero no suficiente para explicar el fenómeno de la vida humana.

—Usted toca temas que no son mi especialidad. Le dejo el arte a los artistas; la psicología, si es que existe, a los psicólogos, y la economía, a los políticos. Yo estudio el cerebro...

—¿Y los valores?, ¿la mente?

—Los valores son la suma de procesos químicos y la mente es un invento de los que no han entendido el funcionamiento del cerebro.

—¿Y la espiritualidad?

—Se sabe que la manía es el resultado de alteraciones neuroquímicas de fondo.

—¿No cree que restringir la espiritualidad a una enfermedad mental es exagerado?

—Lo siento, pero no soy religioso; ésa no es mi área.

Nuestra despedida se redujo a un lacónico «hasta pronto» y un consejo que me dio con actitud paternal: «Le recomiendo acercarse al estudio de la neurociencia.» Temas como el altruismo, la amistad, la felicidad, el sentido de la vida y otros eran vistos por el catedrático como el resultado de un órgano. No era capaz de salirse de su esquema y reconocer la existencia de otras perspectivas complementarias. Nadie niega que el cerebro cumple un papel fundamental en la conformación del comportamiento humano, pero hay otras ciencias del hombre, como la antropología, la filosofía, la sociología o la psicología, que también tienen algo importante que decir al respecto.

Lo que quiero mostrar con este relato, más allá de las cuestiones técnicas, es la actitud simplista de una persona muy ducha en un tema, pero incapaz de completar y ampliar sus conocimientos con otras ciencias afines. Una de las dificultades de la mente rígida, como veremos a continuación, está en la incapacidad de integrar distintas perspectivas para llegar a conclusiones más totalizadoras.

(Aclaro que no tengo nada contra la neurociencia y que la gran mayoría de las personas que conozco de esa área hacen uso de una inteligencia abierta y flexible.)


Extracto del libro:
El arte de ser flexible
Walter Riso
Fotografía tomada de internet

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