domingo, 26 de junio de 2016

EL BAUTISMO


El agua más fría del cielo bombardeó Buenos Aires aquella tarde del invierno de 1906.

A las cinco en punto, en pleno diluvio, lluviazón, helazón, nació un niño en la calle Centro. El padre arrancó al niño de los brazos de la madre, se lo llevó a la azotea y lo alzó, desnudito, ante la lluvia feroz. Y a la luz de los relámpagos lo ofreció a la lluvia, gritando a pleno pulmón, voz de trueno entre los truenos:

—¡Hijo mío, que las aguas del cielo te bendigan!

El recién nacido se pescó tremenda pulmonía. Pasó cuatro meses de mal en peor. Y cuando ya lo daban por muerto, se salvó.

También se salvó de llamarse Descanso Dominical. El padre, un anarquista pobre y poeta, siempre perseguido por la policía y por los acreedores, quiso llamarlo así en homenaje a esa reciente conquista obrera, pero el Registro Civil no le aceptó el nombre. Entonces se reunieron los amigos, anarquistas pobres y poetas, siempre perseguidos por la policía y por los acreedores, y discutieron el asunto. Y fueron ellos quienes decidieron que se llamaría Cátulo, Cátulo Castillo, el niño que unos cuantos años después fue capaz de inventar La última curda y otros tangos de esos que son para escuchar de pie, sombrero en mano.

Tomado de:
Cuentos de Galeano en la Jornada
Eduardo Galeano
Fotografía de internet








Caserón de Tejas
Música: Sebastián Piana 
Letra: Cátulo Castillo

¡Barrio de Belgrano! 
¡Caserón de tejas! 
¿Te acordás, hermana, 
de las tibias noches 
sobre la vereda? 
¿Cuando un tren cercano 
nos dejaba viejas, 
raras añoranzas 
bajo la templanza 
suave del rosal?

¡Todo fue tan simple! 
¡Claro como el cielo! 
¡Bueno como el cuento 
que en las dulces siestas 
nos contó el abuelo! 
Cuando en el pianito 
de la sala oscura 
sangraba la pura 
ternura de un vals.

¡Revivió! ¡Revivió! 
En las voces dormidas del piano, 
y al conjuro sutil de tu mano 
el faldón del abuelo vendrá... 
¡Llamalo! ¡Llamalo! 
Viviremos el cuento lejano 
que en aquel caserón de Belgrano 
venciendo al arcano nos llama mamá...

¡Barrio de Belgrano! 
¡Caserón de tejas! 
¿Dónde está el aljibe, 
dónde están tus patios, 
dónde están tus rejas? 
Volverás al piano, 
mi hermanita vieja, 
y en las melodías 
vivirán los días 
claros del hogar.

Tu sonrisa, hermana, 
cobijó mi duelo, 
y como en el cuento 
que en las dulces siestas 
nos contó el abuelo, 
tornará el pianito 
de la sala oscura 
a sangrar la pura 
ternura del vals...

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