martes, 6 de octubre de 2015

AMOR ES EL REGOCIJO POR LA SOLA EXISTENCIA DEL OTRO MISMO


Estar enamorado y amar son dos cosas maravillosas, pero no hay que confundirlas.

Hay que entender que si bien la pasión de estar enamorado es maravillosa, en realidad amar no es menos maravilloso. Amar es fantástico porque si bien es verdad que no tiene la intensidad de las pasiones, seguro que no, tiene una profundidad de la que el estar enamorado adolece.

Es por esa profundidad que el amor es capaz de aportar estabilidad al vínculo pagando con la desaparición del embrujo y la fascinación. Porque se puede amar con los pies sobre la tierra, mientras que estando enamorado se vive en las nubes.

Lo cierto es que, me guste o no, el enamoramiento se acaba. Y cuando esto sucede con suerte vuelvo a centrarme en mi y desde allí puedo permitir que florezca el amor verdadero.

La mas bella definición de amor que escuché en mi vida es la de Josef Zinker:
El amor es el regocijo por la sola existencia del otro mismo.

La frase evoca un sentido casi supremo del amor, el mas profundo y el mas intenso.

Posible o no, éste será el objetivo mas deseable: llegar a amar tanto que me alegre sólo por el hecho de que el otro exista.

¿Y no existe un amor apasionado que pueda durar toda la vida?

El otro día corregí a una paciente que hablaba de su noviazgo y me decía que estaba “perdidamente” enamorada de el.

Entonces yo le decía: que lástima que no puedas decir “encontradamente” enamorada.

Amor apasionado es el nombre que le reservo a aquellos vínculos donde, amándonos tanto como para poder construir una pareja sin dejar de ser nosotros mismos, de vez en cuando podemos encontrarnos enamorándonos de esa misma persona con la cual vivimos desde hace años. Encontradamente enamorados.

Cuando esto pasa es siempre hermoso, aun cuando nuestros enamoramientos no coincidan en el tiempo.

A veces pasa que llego a mi casa feliz y sonriente y la veo a Perla distinta, está mas linda, mas joven, mas comprensiva.

Me doy cuenta (por experiencia) de que estoy enamorado.

Y entonces con cara de no-se-que le digo “Hooooolaaaaa...”, y ella me contesta “Hola”. Y yo ya sé que esta vez no coincidimos.

Que esto ocurra no quiere decir que nos rechacemos mutuamente, sólo no hay encuentro desde ese lugar.

Esa noche podremos charlarlo y quizás hacer el amor, pero no es como aquellas otras noches.

Cuando nos sorprendemos los dos enamorados cada uno del otro en el mismo momento, es grandioso.

Durante el tiempo que dure (unos días o un par de semanas) sentimos la intensidad del enamoramiento mas la profundidad del amor. Nuestra relación se ilumina y nosotros con ella. Todo es espectacular y maravilloso... Y pasa. Y volvemos encantados nada mas y nada menos que al puro amor, ya sin la pasión, pero con las pilas llenas de ganas hasta el próximo romance.

Los re-enamoramientos ocasionales son la condición para mantener joven una pareja a lo largo del camino compartido.

Por supuesto que la lógica mas simple nos puede informar que enamorarse no es algo que se puede programar y, por lo tanto, que encontrarse enamorado con el otro en el mismo momento depende del azar.

Nadie puede decir: “Bueno, yo tengo vacaciones en tal fecha, así que vamos a enamorarnos ahí”. ¡No puede ser!.
Y sin embargo ahí está la magia.
Igual sucede.

Sucede que el y ella se van de vacaciones, se sustraen del mundo cotidiano, se van a una playita lejana, solos porque los chicos ya son grandes y se fueron por su lado, y de pronto junto al mar algo pasa, de pronto la química olvidaba que se quedó en aquel tiempo en el cual nos enamoramos renace. Y sucede que ella y el se vuelven a enamorar. Igual que antes pero diferente porque ellos son diferentes aunque convivan durante ese tiempo los seis: los dos que son, los dos que fueron, el sentimiento y la pasión.

Claro que cuando la pareja vuelve dice: ¡ah... se terminó!. Y le echa la culpa a Buenos Aires.

Pero no es cierto, se terminó porque de verdad era bueno que se terminara.
Muchas personas, especialmente mujeres, me dicen que sería bueno que ese enamoramiento no se termina 
“al volver de la playita”, que viajara con nosotros de vuelta a Buenos Aires. Yo creo que no. Creo que hay que 
dejarlo en la Patagonia, en Cancún, en donde sea y viajar nosotros hacia el cada vez que ambos los 
deseemos.

No vivas acá pensando que lindo era allá. Tampoco pensando que lindo era cuando estábamos enamorados, 
añorando el pasado. Esto que sucede ahora, que es amor, 
es fantástico comparado con el desamor. Así que ¿por qué compararlo con lo que pertenece a otro club?.

Extracto del libro:
El Camino del Encuentro
Jorge Bucay
Fotografía  tomada de internet

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